miércoles, 25 de marzo de 2020

2 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXVIII

 Acaz de Judá (734-727) ( 2 Re 16,2-4.19-20)

281Cuando subió al trono Acaz, tenía veinte años y reinó en Jerusalén dieciséis años. No hizo, como su antepasado David, lo que el Señor aprueba. 2Imitó a los reyes de Israel, haciendo estatuas a los baales. 3Quemaba incienso en el valle de Ben-Hinón e incluso sacrificó a su hijo en la hoguera, según la costumbre aborrecida de las naciones que el Señor había expulsado ante los israelitas. 4Sacrificaba y quemaba incienso en los altozanos, en las colinas y bajo los árboles frondosos. 5El Señor, su Dios, lo entregó en manos del rey sirio, que lo derrotó, capturó numerosos prisioneros y los llevó a Damasco También lo entregó en manos del rey de Israel, que le infligió una gran derrota.

6Pécaj, hijo de Romelías, mató en un solo día a ciento veinte mil judíos, todos aguerridos, por haber abandonado al Señor, Dios de sus padres. 7Y Zicrí, un soldado de Efraín, mató a Maseyas, hijo del rey, a Azricán, mayordomo de palacio, y al primer ministro, Elcaná. 8Entre mujeres, hijos e hijas, los israelitas tomaron a sus hermanos doscientos mil prisioneros; se apoderaron también de un gran botín y lo llevaron a Samaría.

9Había allí un profeta del Señor llamado Oded. Cuando el ejército volvía a Samaría, salió a su encuentro y le dijo:

-El Señor, Dios de vuestros padres, indignado con Judá lo puso en vuestras manos. Pero la saña con que los habéis matado clama al cielo. 10Y encima os proponéis convertir en esclavos y esclavas a los habitantes de Judá y Jerusalén. ¿No habéis pecado bastante contra el Señor vuestro Dios? 11Hacedme caso y devolved a vuestros hermanos que habéis tomado prisioneros, porque os amenaza la ardiente cólera del Señor

12Algunos jefes efraimitas -Azarías, hijo de Juan, Berequías, hijo de Mesilemot, Ezequías, hijo de Salún y Amasá, hijo de Jadlay- se pusieron también en contra del ejército que volvía 13y le dijeron:

-No metáis aquí a esos prisioneros, porque seríamos reos ante el Señor. Bastante hemos pecado ya para que os dediquéis a aumentar nuestras faltas y culpas, irritando al Señor contra Israel.

14Entonces los soldados dejaron los prisioneros y el botín a disposición de las autoridades y de la comunidad. 15Designaron expresamente a algunos para que se hiciesen cargo de los cautivos. A los que estaban desnudos los vistieron con trajes y sandalias del botín; luego les dieron de comer y beber, los ungieron, montaron en burros a los que no podían caminar y los llevaron a Jericó, la ciudad de las palmeras, con sus hermanos. A continuación se volvieron a Samaría.

16Por entonces, el rey Acaz envió una embajada al rey de Asiria para pedirle ayuda. 17(los idumeos habían hecho una nueva incursión, derrotando a Judá y haciendo prisioneros; 18los filisteos saquearon las ciudades de la Sefela y del Négueb de Judá, apoderándose de Bet Semes*, Ayalón*, Guederot*, Socó y su comarca, Timná y su comarca, Gimzó y su comarca, estableciéndose en ellas. 19El Señor humillaba a Judá por culpa de Acaz, que había traído el desenfreno a Judá y se mostraba rebelde al Señor). 20Pero Tiglat Piléser, rey de Asiria, en vez de ayudarlo, marchó contra él y lo sitió. 21Y aunque Acaz espojó el templo, el palacio y las casas de las autoridades para ganarse al rey de Asiria, no le sirvió de nada. 22Incluso durante el asedio siguió rebelándose contra el Señor. 23Ofreció sacrificios a los dioses de Damasco, que lo habían derrotado, pensando: <<Los dioses de Siria sí que ayudan a sus reyes. Les ofreceré sacrificios para que me ayuden a mí>>. Pero fueron su ruina y la de Israel.

24Acaz reunió los objetos del templo y los hizo pedazos; cerró las puertas del templo, construyó altares en todos los rincones de Jerusalén 25y levantó ermitas en todas las ciudades de Judá para quemar incienso a dioses extraños, irritando al Señor, Dios de sus padres.

26Para sus restantes actividades y empresas de principio al fin de su reinado, véase el libro de los reyes de Judá e Israel. 27Cuando Acaz murió no lo llevaron al panteón real de Judá, sino que lo enterraron en la ciudad, en Jerusalén. Su hijo Ezequías le sucedió  en el trono.

Explicación.

28 El reinado de Acaz está descrito con datos históricos que suministra el libro de los Reyes, con alusiones veladas al libro de Isaías y con otros datos creados o explotados con función constructiva. El Cronista quiere preparar por contraste el reinado glorioso de Ezequías, y para ello acumula datos negativos en el reinado de su antecesor. Mucho tiene que desatar Acaz para que pueda rehacerlo su hijo, en el orden militar y en el religioso.

Históricamente son tiempos difíciles para Judá y más aún para Israel. Judá se encuentra sitiada: por el sur atacan de nuevo los idumeos, por poniente los filisteos se rehacen y hostilizan a sus vecinos, por el norte surge un enemigo formidable, el reino hermano de Israel, aliado y protegido de Siria. Lo lógico, lo que predica Isaías, era acudir confiadamente al Señor; pero Acaz es un rey impío y desconfiado (Is 7). Lo que hace es pedir auxilio a la nueva potencia de la época: Asiria. Así repite el juego peligroso que había iniciado Asá con Damasco; porque tampoco se detendrá Asiria, una vez desatada.

Esta convocación funesta acarrea en seguida graves consecuencias económicas y religiosas, atiza la infidelidad del monarca y prepara acontecimientos luctuosos. La impiedad llega a tal extremo, que el rey cierra las puertas del templo, como acabando con el culto, como clausurando una época histórica. Es, en términos de templo y culto, algo así como el reinado de Atalía en términos de dinastía. Hará falta un nuevo comienzo, una nueva apertura: es lo que pretende el autor.

También es grave la situación para Israel: después de una rápida sucesión de conspiraciones y cambios de dinastía, los dos últimos reyes, Pécaj y Oseas, precipitan la catástrofe, la destrucción final de Israel, que sucederá en el reinado de Ezequías. El Cronista, fiel a su programa, no narra estos hechos, pero sabe que sus lectores lo conocen y que los tienen presentes cuando leen. Pues bien, también ese final trágico prepara un nuevo comienzo, cuando no pocos supervivientes se incorporen política y religiosamente a Judá. Hay que preparar el suceso ¿y qué mejor preparación que ese insigne acto de perdón fraterno? El episodio, inesperado en la mentalidad del Cronista, se explica muy bien en función de lo que va a suceder.

En toda la construcción narrativa pesa la situación que viven el autor y sus lectores: unos judíos continuadores del pueblo elegido, unos samaritanos que pueden comenzar si rompen con el pasado, un solo templo legítimo. Las obras de misericordia pueden probar que está en pie la llamada de Dios. El autor predica más allá de las fronteras la piedad con Dios y con el prójimo.

28,2 El Cronista lee una idolatría implícita en las referencias de su fuente, que hablan simplemente de culto ilegítimo a Yhwh.

28,5 El original menciona sólo una invasión y un asedio fracasado de la capital.

28,6-8 El autor supone que el rey ha arrastrado a la tropa y al pueblo a la infidelidad. Si los números son astronómicos, es interesante la designación "sus hermanos", que se repite en los versos 11 y 15: es la clave del episodio.

28,9-11 Un profeta en Samaría es un agente del verdadero Dios: con razón puede llamar al Señor "Dios de vuestros padres, vuestro Dios". Ese Dios no ha rechazado del todo a los efraimitas, antes los sigue interpelando con la palabra profética y los pone a prueba ofreciéndoles una ocasión definitiva. Ser ejecutores de la sentencia divina no autorizaba tamaña crueldad no han de ser esclavos los liberados de la esclavitud de Egipto (Lv 25,39-43).

28,12 "Efraimitas" designa a los ciudadanos del norte. Estos jefes se ponen de parte del profeta, reforzando su palabra.

Es de notar la ausencia de sacerdotes en el reino septentrional y que tampoco se menciona el rey.

28,14 Pero sí se señala el carácter colectivo de la operación.

28,15 El homenaje que rinde el autor a los israelitas es impresionante; sobre todo si se compara con la resistencia de algunos reyes judíos a exigencias proféticas más sencillas. Dar de comer al hambriento, de beber al sediento, vestir al desnudo, liberar al cautivo, cuidar del enfermo: la lista de obras de misericordia está casi completa.

28,17 Según la fuente, los idumeos reconquistaron la punta meridional de Eilat; el autor los mete en territorio israelita.

28,18 * = Casalsol; Cervera; Tapias.

28,19 En el término raro "desenfreno" resuena e pecado de becerro de oro (Ex 32,25).

28,20-21 El original dice que "el rey de Asiria le atendió" (cfr. 2 Re 16,9) y que le valieron los regalos enviados al monarca extranjero.

28,23 Según el original, Acaz mandó construir un altar según el diseño de un altar de Damasco y realizó otras reformas para agradar al rey asirio; el Cronista lo transforma en idolatría formal.

28,24 Esto es lo más grave: el sucesor de David y Salomón clausura el templo (2en 2 Re se habla de una reforma en el acceso reservado al rey). Si la dinastía existía en función del templo, se diría que la dinastía ya no tiene razón de existir. Pero el autor sabe que ya ha nacido el sucesor glorioso, probablemente el hijo anunciado por Isaías (7,14).

En este lugar narra el libro de los Reyes la caída de Samaría y de Israel.

2 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXVII

 Yotán de Judá (739-734) ( 2 Re 15,32-38)

271Cuando subió al trono Yotán tenía veinticinco años y reinó en Jerusalén dieciséis años. SU madre se llamaba Yerusa, hija de Sadoc. 2Hizo lo que el Señor aprueba, igual que su padre, Ozías. Pero no iba al templo, y el pueblo seguía corrompiéndose. 3Construyó la Puerta Superior del templo e hizo muchas obras en la muralla del Ofel. 4Construyó ciudades en la sierra de Judá y levantó fortalezas y torres en la foresta. 5Luchó contra el rey de los amonitas y lo venció; los amonitas le pagaron aquel año cien pesos de plata, diez mil toneles de trigo y diez mil de cebada; e igual cantidad los dos años siguientes. 6Yotán se hizo poderoso porque procedió rectamente ante el Señor, su Dios.

7 Para más datos sobre Yotán, sus guerras y empresas, véase el libro de los reyes de Israel y Judá. 8Subió al trono a la edad de veinticinco años y reinó en Jerusalén dieciséis años. 9Cuando murió lo enterraron en la Ciudad de David. Su hijo Acaz le sucedió en el trono.

Explicación.

Según 2 Re 15,33-35. Añade los daos de su actividad constructora. Según la teoría del Cronista, el rey bueno y cumplidor acierta en su actividad constructora y en la guerra.

2 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXVI

 Azarías (Ozías) de Judá (767-739) (2 Re 14,21-22; 15,5-7)

261Entonces Judá en pleno tomó a Ozías, de dieciséis años, y lo nombraron rey sucesor de su padre, Amasías. 2Después que murió el rey, reconstruyó Elat, devolviéndola a Judá. 3Ozías tenía dieciséis años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén cincuenta y dos años. Su madre se llamaba Yecolía, natural de Jerusalén. 4Hizo lo que el Señor aprueba, igual que su padre, Amasías. 5Sirvió al Señor mientras vivió Zacarías, que lo había educado en el temor de Dios; y mientras sirvió al Señor, Dios lo hizo triunfar.

6Salió a luchar contra los filisteos, derribó las murallas de Gat, Yabné y Asdod, y construyó ciudades en Asdod y en territorio filisteo. 7Dios lo ayudo en la guerra contra los filisteos, los árabes que habitaban en GurBaal y los meunitas. 8Los amonitas pagaron tributo a Ozías, y llegó a ser tan poderoso que su fama se extendió hasta la frontera de Egipto.

9En Jerusalén Ozías construyó y fortificó torres en la Puerta del Ángulo, en la Puerta del Valle y en la Esquina. 10También levantó torres en el desierto y cavó muchos pozos para el abundante ganado que poseía en la llanura y la meseta; también tenía labradores y viñadores en los montes y las huertas, porque a Ozías le gustaba el campo.

11Dispuso de un ejército en pie de guerra agrupado en escuadrones según el censo efectuado por el secretario Yeguiel y el comisario Maseyas por orden de Ananías, funcionario real. 12El número de los cabezas de familia al mando de soldados era dos mil seiscientos. 13Tenían a sus órdenes un ejército de trescientos siete mil quinientos guerreros intrépidos, que luchaban contra los enemigos del rey. 14Ozías equipó a toda la tropa con adargas, lanzas, cascos, corazas, arcos y hondas. 15Hizo unos artefactos inventados por un ingeniero que lanzaba flechas y pedruscos; los colocó en las torres y en los ángulos de Jerusalén. Con la ayuda prodigiosa de Dios se hizo fuerte y su fama llegó hasta muy lejos. 16Pero al hacerse poderoso, la soberbia lo arrastró a la perdición. Se rebeló contra el Señor, su Dios, entrando en el templo para quemar incienso en el altar de los perfumes. 17El sacerdote Azarías y ochenta valiente sacerdotes fueron tras él, 18se plantaron ante el rey Ozías y le dijeron:

-Ozías, a ti no te corresponde quemar incienso al Señor. Sólo pueden hacerlo los sacerdotes aaronitas consagrados para ello. ¡Sal del santuario, que tu pecado no te honra ante el Señor!

19Ozías, que tenía el incensario en la mano se indignó con los sacerdotes. Y en el mismo momento, en el templo, ante los sacerdotes, junto al altar de los perfumes, la lepra brotó en su frente. 20El sumo sacerdote, Azarías, y los otros sacerdotes se quedaron mirándolo y vieron que tenía lepra en la frente. Lo echaron de allí, mientras él mismo se apresuraba a salir, herido por el Señor.

21El rey Ozías siguió leproso hasta el día de su muerte. Vivió en la leprosería con prohibición de acudir al templo. Su hijo Yotán se encargó de la corte y de juzgar a la población.

22Para más datos sobre Ozías, desde el principio hasta el fin de su reinado, véase el libro del profeta Isaías, hijo de Amós. 23Cuando murió lo enterraron con sus antepasados en el campo del cementerio real, considerando que era <<un leproso>>. Su hijo Yotán le sucedió en el trono.

Explicación.

26 El Cronista no se cansa de repetir su esquema, esperando que tampoco el lector se canse. Bajo su pluma, el rey piadoso y leproso de 2 Re 15,1-7 se convierte en una vida en dos etapas: su largo reinado de cincuenta y dos años puede leerse como bendición divina, la enfermedad crónica de la piel, que lo tiene recluido y lo impide gobernar, se puede interpretar como castigo o como prueba de Dios. El Cronista nos presenta al principio un rey piadoso y próspero, después un rey sacrílego y herido por Dios. Que la prosperidad lleve a la soberbia y ésta al castigo de Dios es cosa bien sabida (por ejemplo, Dt 8) y fácil de desarrollar e inculcar. El autor nos presenta un pecado exquisitamente cúltico, en una escena dramática bastante artificial.

26,5 Zacarías sería el sumo sacerdote, preceptor del príncipe heredero y consejero del joven rey; es el esquema ya conocido de Yehoyadá y Joás.

26,6-8 Se trata de los vecinos a poniente, levante y mediodía. "Dios le ayudó" cumpliendo lo que significa el nombre real Azarías ( = el Señor ayuda). Es de notar que Isaías y el Cronista usan el otro nombre del rey, Ozías (= Fortaleza del Señor).

26,10 La atención por el campo, agricultura y ganadería es un dato a favor del rey (véase Ecl 5,8). Implícitamente podemos leer: en vez de construir palacios lujosos y gastar en la corte (como Joaquín, Jr 22), promueve las riquezas naturales del país.

26,12 O jefes de clanes.

26,14 Era costumbre que los guerreros pudientes trajeran sus propias armas. Quizá trajeron espadas, arma no citada en las que proveía la corona.

26,16-18 El pecado parece tener como modelo o inspiración los sucesos de Nm 16-17 sobre la ofrenda del incienso y el castigo de los rebeldes, Córaj, Datán y Abirán. Aquí no intervienen levitas, pues se trata de funciones sacerdotales. Véanse Ex 30,7-10 y Nm 18,1-7.

26,19-20 Son testigos los mismos sacerdotes, a quienes toca diagnosticar según Lv 13.


2 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXV

 Amasías de Judá (796-767) ( 2 Re 14,2-20)

251Amasías tenía veinticinco años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén veintinueve años. Su madre se llamaba Yehoadayán y era natural de Jerusalén. 2Hizo lo que el Señor aprueba, aunque no de todo corazón. 3Cuando se afianzó en el poder, mato a los ministros que habían asesinado a su padre. 4Pero, siguiendo lo que dice el libro de la Ley de Moisés promulgada por el Señor <<No serán ejecutados los padres por las culpas de los hijos, ni los hijos por las culpas de los padres; cada uno morirá por su propio pecado>>, no mató a sus hijos.

5Amasíasñ reunió a los de Judá y puso a todos los judíos y benjaminitas, por familias, a las órdenes de jefes y oficiales. Hizo el censo de los mayores de veinte años; resultaron trescientos mil en edad militar y equipados de lanza y escudo. 6Reclutó en Israel cien mil mercenarios por cien pesos de plata. 7Pero un profeta se presentó ante él y le dijo:

-Majestad, no lleves contigo al destacamento de Israel, que el Señor no está con los efraimitas. 8Si te apoyas en ellos, Dios te derrotará frente a tus enemigos. Porque Dios puede dar la victoria y la derrota.

9Amasías preguntó al profeta:

-¿Y qué pasa con los cien pesos de plata que di al destacamento de Israel?

El profeta le contestó:

- El Señor puede devolvértelos con creces.

10Amasías licenció a la tropa procedente de Efraín para que volviese a su tierra. Ellos se indignaron con Judá y volvieron a sus tierras enfurecidos. 11Amasías se armó de valor, tomó el mando de la tropa, marchó a Gue Hammélaj* y mató a diez mil seiritas. 12A otros diez mil los apresaron vivos, los llevaron a la cima de la Roca y los despeñaron desde ella Murieron todos estrellados.

13Mientras, el destacamento que había licenciado Amasías para que no luchase a su lado se dispersó por las ciudades de Judá -desde Samaría hasta Bejorón-, matano a tres mil personas y capturando un gran botín. 14Cuando Amasías volvió de derrotar a los idumeos se trajo los dioses de los seiritas, los adoptó como dioses propios, los adoró y les quemó incienso. 15El Señor se indignó con Amasías y le envió un profeta, que le dijo:

-¿Por qué sirves a unos dioses que no han podido salvar a su pueblo de tu mano?

16Amasías lo cortó en seco, diciéndole:

-¿Quién te ha hecho consejero del rey? Termina de una vez si no quieres que te maten.

El profeta terminó con estas palabras

-Por lo que has hecho, y por no escuchar mi consejo, estoy seguro de que Dios decide tu destrucción.

17Después de aconsejarse, Amasías de Judá mandó una embajada a Joás, hijo de Joacaz, de Jehú, rey de Israel, con este mensaje:

-¡Sal, que nos veamos las caras!

18Pero Joás de Israel envió esta respuesta a Amasías de Judás:

-El cardo del Líbano mandó decir al cedro del Líbano: <<Dame a tu hija por esposa de mi hijo>>. Pero pasaron las fieras y pisotearon el cardo. 19Tú dices <<He derrotado a Edom>>, y te has engreído. Disfruta de tu gloria quedándote en tu casa. ¿Por qué quieres meterte en una guerra catastrófica, provocando tu caída y la de Judá?

20Pero Amasías no hizo caso, porque Dios quería entregarlo en manos de Joás por haber servido a los dioses de Edom. 21Entonces Joás de Israel subió a vérselas con Amasías de Judá en Bet Semes* de Judá. 22Israel derrotó a los judíos, que huyeron a la desbandada. 23En Bet Semes apresó Joás de Israel a Amasías de Judá, hijo de Joás, de Joacaz, y se lo llevó a Jerusalén. En la muralla de Jerusalén abrió una brecha de doscientos metros, desde la Puerta de Efraín hasta la Puerta de Angulo, 24se apoderó del oro, la plata, los utensilios que se hallaban en el templo al cuidado de Obededón, los tesoros de palacio y los rehenes, y se volvió a Samaría. 25Amasías de Judá, hijo de Joás de Israel, hijo de Joacaz.

26Para más datos sobre Amasías, desde el principio hasta el fin de su reinado, véase el libro de los reyes de Judá e Israel. 27Cuando Amasías se apartó del Señor tramaron contra él una conspiración en Jerusalén; huyó a Laquis, pero lo persiguieron hasta Laquis y lo mataron allí. 28Lo cargaron sobre unos caballos y lo enterraron con sus antepasados en la capital de Judá.

Explicación.

25 Se repite el esquema. En e original de 2 Re 14 encontraos un rey piadoso, aunque no perfecto, que muere asesinado, vencedor de los idumeos y derrotado por los israelitas. Estas contradicciones hay que explicarlas según la doctrina rigurosa de la retribución, y el autor recurre a la división en dos etapas: de fidelidad e infidelidad al Señor. Las etapas están animadas por la intervención de dos profetas: al primero le obedece el rey, al segundo lo rechaza, y las consecuencias, victoria y derrota, responden a las actitudes. Para que se vea la diferencia que va de obedecer o no a la palabra profética. El autor vincula las dos batallas haciendo de la primera victoria ocasión del próximo desafío. En conjunto resulta una narración bien encadenada en su proceso.

25,5 Sobre el censo no se pronuncia el autor, parece aceptarlo como hecho neutral; más aún, será este ejército de judíos y benjaminitas el que derrote a los idumeos.

25,6 En cambio, el empleo de mercenarios israelitas es reprobable. Es algo así como la alianza de Josafat con Jorán de Israel o de Jorán de Judá con os consejeros de Jezabel, con el agravante de meter en casa a un enemigo potencial. Recordemos que los lectores del Cronista piensan, naturalmente, en los samaritanos de su época.

25,7-8 "El Señor no está con Israel" es una expresión que retuerce la clásica promesa y profesión "el Señor está con Israel"; es que ahora Israel equivale a los efraimitas, mientras que Judá recoge la herencia del viejo Israel.

25,9 Se entiende en forma de botín ganado al enemigo. Sacrificando el dinero, el rey gana méritos ante el Señor, que puede dar la victoria y la riqueza.

25,11-12 Seír es la sierra donde habitan los idumeos, y una de sus ciudades más importantes es Petra. La cruel matanza es como una consagración al exterminio; el sitio donde se ejecuta es ominoso para los idumeos, que se sentían fuertes en las montañas. Como quien dice, despeñados desde lo alto de su soberbia y confianza (véase especialmente Abd 3-4).

25,11 * = Vallelasal.

25,13 La noticia es verosímil: los mercenarios, además de recibir una soldada, se cobraban saqueando las ciudades conquistadas. Los efraimitas, defraudados del botín que esperaban capturar y que otros se han llevado, se compensan saqueando las ciudades del territorio, y el rey no puede hacer nada, so pena de mayores desgracias. Así se vuelve contra él la medida de pagar mercenarios.

25,14 La crueldad usada con las personas contrasta con el respeto otorgado a los dioses. La cosa era normal: apoderarse de los ídolos del país vencido era señal de victoria y prenda de poderío. Pero esa costumbre estaba rigurosamente prohibida en Israel (Dt 7,5-6). David se contentó con quitarle la corona a Malcom y dedicarla a uso profano: 2 Sm 12.30.

25,16-17 La nueva acción está articulada con el término "aconsejo, aconsejar", en un proceso de endurecimiento. El profeta no es consejero oficial del rey, como un funcionario más, sino que viene con la palabra soberana de Dios; él conoce el "consejo" (o designio) de Dios y tiene que proclamarlo (Am 3). Rechazado el consejo del profeta y desoída su amenaza, el rey se aconseja con sus cortesanos para otra empresa. El duelo verbal está muy estilizado, con repeticiones y rimas: el profeta amenaza nombrando la persona de Dios.

25,20 El Cronista añade la razón teológica del suceso.

25,21 * = Casalsol.


2 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXIV

 Joás de Judá (835-796) ( 2 Re 12,1-3)

241Joás tenía siete años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén cuarenta años. Su madre se llamaba Sebiá y era natural de Berseba. 2Mientras vivió el sacerdote Yehoyadá hizo lo que el Señor aprueba. 3Yehoyadá le procuró dos mujeres y engendró hijos e hijas. 4Más tarde, Joás sintió deseos de restaurar el templo. 5Reunió a los sacerdotes y a los levitas, y les dijo:

-Id por las ciudades de Judá recogiendo dinero de todo Israel para reparar todos los años el templo de vuestro Dios. Daos prisa.

6Pero los levitas se lo tomaron con calma. Entonces el rey llamó al sumo sacerdote Yehoyadá y le dijo:

-¿Por qué no te has preocupado de que los levitas cobren en Judá y Jerusalén el tributo impuesto por Moisés, siervo del Señor, y por la comunidad de Israel para la tienda de la alianza? 7¿No te das cuenta de que la malvada Atalía y sus secuaces destrozaron el templo y dedicaron a los baales todos los objetos sagrados del mismo?

8Entonces, por orden del rey, hicieron una hucha y la colocaron en la puerta del templo, por fuera. 9Luego pregonaron por Judá y Jerusalén que había que ofrecer al Señor el tributo que Moisés, siervo de Dios, había impuesto a Israel en el desierto. 10Las autoridades y la población lo hicieron de buena gana y echaron dinero hasta que se llenó la hucha. 11Cada vez que los levitas llevaban la hucha a la inspección real y veían que había mucho dinero, se presentaban un secretario del rey y un inspector del sumo sacerdote, vaciaban la hucha y volvían a colocarla en su sitio. Así hicieron periódicamente, reuniendo una gran suma de dinero.

12El rey y Yehoyadá lo entregaban a los capataces de la obra del templo, y éstos pagaban a los canteros y carpinteros que restauraban el templo y a los herreros y broncistas que lo reparaban. 13Los obreros hicieron su tarea; bajo sus manos fue resurgiendo la estructura, hasta que levantaron sólidamente el templo según los planos. 14Al terminar, devolvieron  al rey y a Yehoyadá el dinero sobrante, con el que hicieron objetos para el templo, utensilios para el culto y para los holocaustos, copas y objetos de oro y plata. Mientras vivió Yehoyadá ofrecieron los holocaustos regulares en el templo. 15Este llegó a viejo y murió en edad avanzada, a los ciento treinta años. 16Lo enterraron con los reyes en la Ciudad de David, porque fue bueno con Israel, con Dios y con su templo.

17Cuando murió Yehoyadá, las autoridades de Judá fueron a rendir homenaje al rey, y éste siguió sus consejos; 18olvidando el templo del Señor, Dios de sus padres, dieron culto a las estelas y a los ídolos. Este pecado desencadenó la cólera de Dios contra Judá y Jerusalén. 19Les envió profetas para convertirlos, pero no hicieron caso de sus amonestaciones. 20Entonces el Espíritu de Dios se apoderó de Azarías, hijo del sacerdote Yehoyadá, que se presentó al pueblo, y le dijo:

-Así dice Dios: ¿Por qué quebrantáis los preceptos del Señor? Vais a la ruina. Habéis abandonado al Señor y él os abandona.

21Pero conspiraron contra él y lo lapidaron en el atrio del templo por orden del rey. 22El rey Joás, sin tener en cuenta los beneficios recibidos por Yehoyadá, mató a su hijo, que murió diciendo:

-¡Que el Señor juzgue y sentencie!

23Al cabo de un año, un ejército de Siria se dirigió contra Joás, penetró en Judá hasta Jerusalén, mató a todos los jefes del pueblo y envió todo el botín al rey de Damasco. 24El ejército de Siria era reducido, pero el Señor la entregó un ejército enorme porque el pueblo había abandonado al Señor, Dios de sus padres. Así se vengaron de Joás. 25Al retirarse los sirios, dejándolo gravemente herido, sus cortesanos conspiraron contra él para vengar al hijo del sacerdote Yehoyadá. Lo asesinaron en la cama y murió. Lo enterraron en la Ciudad de David, pero no le dieron sepultura en el panteón real. 26Los conspiradores fueron: Zabad, hijo de SImat, la amonita, y Yehozabad, hijo de Simrit, la moabita.

27Para lo referente a sus hijos, a las numerosas profecías contra él y a la restauración del templo, véase el Comentario a los Anales de los Reyes. Su hijo Amasías le sucedió en el trono.

Explicación.

24 Según la tradición, 2 Re 12, Joás "hizo siempre lo que el Señor aprueba", se señaló en sus cuidados por el templo; al final de su vida tuvo que comprar la paz con un fuerte tributo y murió asesinado en una conspiración.

En la teoría de la retribución del Cronista el final contradice el comienzo; así pues, arregla la contradicción dividiendo la vida del rey en dos etapas, como ha hecho con otros. Y para mayor claridad, coloca como raya de división la muerte del sumo sacerdote que lo había ungido rey.

En la primera etapa el rey era un ejemplar cumplidor de la Ley de Moisés, gracias a los consejos de su pontífice; en la segunda etapa se vuelve idólatra y homicida, siguiendo los consejos de la nobleza.

24,3 Para asegurar la continuidad de la dinastía. Sólo dos, siguiendo quizá el consejo de Dt 17,17.

24,6 La negligencia de los levitas (extraña en el Cronista) contrasta con la diligencia del rey. La cosa se arregla con una reprensión, sin llegar a las medidas rigurosas de que habla fuente narrativa. El p apel de los levitas es adición del Cronista. También es cosa suya el insistir en la Ley de Moisés: Ex 30 y 38, Neh 10,33-34, solamente aludida en 2 Re 12,5.

24,7 El rey tiene que rehacer en parte la tarea de David y Salomón y todo el pueblo ha de contribuir de buena gana. El Cronista subraya la vinculación de las suertes de templo y dinastía: como la dinastía ha estado en grave peligro, así ha sufrido el templo; como la dinastía se ha restaurado con la colaboración de todos, así ha de suceder con el templo.

24,8-11 Es posible que con estas líneas pretenda el autor animar con el ejemplo a sus paisanos y contemporáneos, dándoles garantías de que sus aportaciones serán usadas responsablemente. El poder civil y el religioso controlan la operación.

24,9 Ex 30,12-16.

24,14 Según 2 Re el dinero no se invertía en fabricar objetos o utensilios, sólo se empleaba en la reparación y mantenimiento del edificio. El Cronista exalta la restauración impulsada por Yehoyadá. Los holocaustos regulares son expresión y garantía de la continuidad. Joás está dictando una lección a los contemporáneos del Cronista.

24,15-16 La vejez del sumo sacerdote es fruto de la bendición divina, como en los casos de Moisés y Josué. La sepultura real es un honor desacostumbrado, recompensa de sus méritos en un momento crítico de la historia de Israel. En cierto sentido ha sido el sumo sacerdote quien ha asegurado la continuidad de la dinastía davídica: el hecho resulta muy significativo en tiempos del Cronista, cuano no existe un rey davídico.

24,17 La muerte de Yehoyadá tiene un efecto semejante a la muerte de Josué, según Jue 2. Se diría que el autor polemiza sobre la capacidad de aconsejar de la  nobleza (conocía la historia de Jeremías), en oposición a los sacerdotes.

El cambio de conducta y de situación es violento y no justificado. ¿No sucedió a Yehoyadá un sacerdote competente?, ¿o careció de todo ascendiente benéfico sobre el rey? Precisamente este sucesor, en un arrebato de inspiración profética, fue la ocasión de la catástrofe, por el endurecimiento del rey.

24,20 Al fallar los profetas surge un sacerdote inspirado (como el levita inspirado que pronunció el oráculo en la batalla de Josafat, 20,14). A este profeta se refiere probablemente Mt 23,35.

24,21-22 Se subrayan los agravantes del crimen: en recinto sagrado y contra la ley de la gratitud. A un delito de idolatría ha seguido un delito de sangre (véase el caso de Jananí bajo el rey Asá, 16,10); la dinastía y el templo siguen vinculados en la historia. La apelación de Azarías tiene valor de programa: es el sacerdocio y la profecía frente a la realeza (Amós era la profecía frente al sacerdocio y la realeza, Am 7,10-17). ¿Para esto ha salvado Joás la vida y ha reconstruido el templo? Se procura acallar la denuncia profética, pero la sangre sacrílegamente derramada prolonga la demanda de justicia del inocente asesinado.

24,23 Y así sobreviene pronto el castigo, más grave que el descrito en 2 Re y adelantando un poco el de Nabucodonosor: invasión, matanza, saqueo. Recordemos que Asá desató a los sirios, los cuales son ahora ejecutores de la sentencia divina; los cortesanos dan sólo el golpe de gracia. Y así la conspiración contra el profeta se vuelve contra el rey. Con énfasis suena "todos los príncipes, todo el botín".

24,24 Se cumple la maldición conminada en Dt 32,30.


2 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXIII

 231Al año séptimo, Yehoyadá se armó de valor y reunió a los centuriones: Azarías, hijo de Yeroján, Ismael, hijo de Juan, Azarías, hijo de Obed, Maseyas, hijo de Adayas, y Elisafat, hijo de Zicrí. 2Se juramentó con ellos y recorrieron Judá congregando a los levitas de todas las ciudades y a los cabezas de familia de Israel. 3Cuando regresaron a Jerusalén, toda la comunidad hizo en el templo un pacto con el rey. Luego les dijo:

-Debe reinar un hijo del rey, como prometió el Señor a la descendencia de David. 4Vais a hacer lo siguiente: el tercio de vosotros, sacerdotes y levitas, que entra de servicio el sábado, hará guardia en las puertas; 5otro tercio ocupará el palacio, y el último tercio a Puerta del Fundamento. El pueblo se situará en los atrios del templo. 6Pero que nadie entre en el templo, a excepción de los sacerdotes y los levitas de servicio. Ellos pueden hacerlo porque están consagrados; pero el pueblo deberá observar las prescripciones del Señor. 7Los levitas rodearán al rey por todas partes, arma en mano. Si alguno quiere entrar en palacio, matadlo. Y estad junto al rey, vaya a donde vaya.

8Los levitas y los judíos hicieron lo que les mandó el sacerdote Yehoyadá; cada uno reunió a sus hombres, los que estaban de servicio el sábado y los que quedaban libres, porque el sacerdote Yehoyadá no exceptuó a ninguna de las secciones. 9El sacerdote Yehoyadá entregó a los oficiales las lanzas, escudos y adargas del rey David, que se guardaban en el templo. 10Colocó a todo el pueblo, con armas arrojadizas, desde el ángulo sur hasta el ángulo norte del templo, entre el altar y el templo, para proteger al rey. 11Entonces sacaron al príncipe, le colocaron la diadema y las insignias, lo proclamaron rey, y Yehoyadá y sus hijos lo ungieron, aclamando:

-¡Viva el rey!

12Atalía oyó el clamor de la tropa que corría y aclamaba al rey y se fue hacia la gente, al templo. 13Pero cuando vio al rey en pie sobre su estrado, junto a la entrada, y a los oficiales y la banda cerca del rey, toda la población en fiesta, las trompetas tocando y los cantores acompañando los cánticos de alabanza con sus instrumentos, se rasgó las vestiduras y dijo:

-¡Traición, traición!

14El sacerdote Yehoyadá ordenó a los oficiales que mandaban las fuerzas:

-Sacadla del atrio. Al que la siga lo matáis.

(Pues no quería que la matasen en el templo).

15La fueron empujando con las manos, y cuando llegaba a palacio por la Puerta de las Caballerías, allí la mataron.

16Yehoyadá selló un pacto con todo el pueblo y con el rey para que fuera el pueblo del Señor. 17Toda la población se dirigió luego al templo de Baal; lo destruyeron, derribaron sus altares y sus imágenes, y a Matán, sacerdote de Baal, lo degollaron ante el altar.

18Yehoyadá puso guardias en el templo, a las órdenes de los sacerdotes y levitas que David había distribuido en la casa de Dios para ofrecer holocaustos al Señor -según manda la Ley de Moisés- con alegría y con los cánticos compuestos por David. 19Puso porteros en las puertas del templo para que no entrase absolutamente nada impuro. 26Luego, con los centuriones, los notables, las autoridades y todo el vecindario bajaron del templo al rey, lo llevaron a palacio por la Puerta Superior e instalaron al rey en el trono real. 23Toda la población hizo fiesta y la ciudad quedó tranquila. A Atalía la habían matado a espada.

Explicación.

23,1 Cinco centuriones o capitanes parece un grupo modesto en número e influencia. El Cronista les asigna únicamente la función de hacer una leva por todo el territorio.

23,2 Los cabezas de familia o jefes de clanes tenían también responsabilidad militar; es de suponer que deberían dirigir a la masa del pueblo.

23,3 La promesa del Señor a David es una fuerza histórica que actúa con la colaboración de los hombres, infunde confianza y decisión. El sacerdote, no un profeta, es el intérprete de la promesa.

23,11 También la unción es competencia sacerdotal: 1 Re 1,39 (Salomón); a Saúl y David los ungió el profeta Samuel.

2 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXII

 Ocozías de Judá (841) (2 Re 8,24-29)

221Los habitantes de Jerusalén nombraron rey a su hijo menor, Ocozías, porque a los otros los había asesinado la banda que seguía al campamento de los árabes. Así reinó Ocozías, hijo de Jorán de Judá.

2Tenía cuarenta y dos años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén un año; su madre se llamaba Atalía y era hija de Omrí. 3También él imitó la conducta de la casa de Ajab, porque su madre lo incitaba al mal. 4Hizo lo que el Señor reprueba. Igual que la casa de Ajab, ya que al morir su padre ellos fueron sus consejeros para su perdición. 5Por consejo suyo acompañó a Jorán, hijo de Ajab, rey de Israel, a luchar contra Jazael, rey de Siria, en Ramot de Galaad. 6Los sirios hirieron a Jorán y éste volvió a Yezrael para curarse de las heridas que le habían infligido en Ramot, durante la batalla contra Jazael de Siria. Entonces Ocozías hijo de Jorán, rey de Judá, bajó a Yezrael para visitar a Jorán, hijo de Ajab, que estaba enfermo. 7Con esta visita el Señor provocó la ruina de Ocozías. Durante su estancia, salió con Jorán al encuentro de Jehú, hijo de Nimsí, al que había ungido el Señor para exterminar a la dinastía de Ajab. 8Y mientras Jehú hacía justicia en a dinastía de Ajab, encontró a las autoridades de Judá y a los parientes de Ocozías que estaban a su servicio y los mató. 9Después buscó a Ocozías; lo apresaron en Samaría, donde se había escondido y se lo llevaron a Jehú que lo mandó matar. Pero le dieron sepultura, pensando <<Era hijo de Josafat, que sirvió al Señor de todo corazón>>.

En la familia de Ocozías no quedó nadie capaz de reinar.

Reinado y muerte de Atalía (2 Re 11,1-20)

10Cuando Atalía, madre de Ocozías, vio que su hijo había muerto, empezó a exterminar a toda la familia real de la casa de Judá. 11Pero cuando los hijos del rey estaban siendo asesinados, Josebá, hija del rey de Jorán, esposa del sacerdote Yehoyadá y hermana de Ocozías, y lo escondió con su nodriza en el dormitorio así se lo ocultó a Atalía, que no pudo matarlo. 12Estuvo escondido con ellas en el templo durante seis años, mientras en el país reinaba Atalía.

Explicación.

22 Los datos están tomados de 2 Re 8,24-29 y 10,13-14: el autor los modifica un poco y los une en un relato coherente. El cuadro negativo de la fuente resulta más explícito e intenso. Todos los males vienen del parentesco con la dinastía septentrional, corrompida por el influjo fenicio: el parentesco, la alianza, los ejemplos y los consejos corrompen también al rey de Judá. De la culpa arranca el castigo. Como Jehú tuvo por misión aniquilar a toda la familia de Ajab y Jezabel, también entraba en la lista el joven nieto de Jezabel. Su colaboración con el hijo de Ajab agravó su responsabilidad.

22,7-10 El modo de la muerte está cambiado sin tocar a lo sustancial. Según 2 Re 9,28 Ocozías murió en Meguido, a consecuencia de las heridas; el Cronista transforma el hecho en una especie de ejecución judicial.

22,9 La muerte violenta a los veintidós años es castigo merecido. Y lo más grave es que no aparece nadie capaz de recoger la herencia davídica. Es como si la alianza con Israel estuviera precipitando el destino de Judá. Hecho ejemplar para los lectores, bien subrayado por el Cronista: no es posible la alianza con los samaritanos.

22,10-23,21 En la historia de Atalía y Joás el autor sigue muy de cerca a su modelo de 2 Re 11, con un par de cambios significativos: la ejecución de la empresa se clericaliza, la aceptación del rey se universaliza.

Lo primero. La guardia real en el templo está formada aquí por sacerdotes y levitas, únicos que pueden legalmente entrar en el edificio del templo; a ellos toca impedir que nadie entre en zona prohibida. En la ceremonia toman parte activa los cantores. Al final, el templo queda custodiado según las normas establecidas por David. Así se clericaliza la operación.

Lo segundo. Como la continuación de la monarquía davídica es casi un milagro, todo Judá debe participar y comprometerse, como sucedió en tiempo de David. Así el autor crea una inverosímil conjuración por todas las ciudades (v.2) y coloca a "todo el pueblo (5,10) en los atrios.

Las etapas del milagro son: "no quedó nadie capaz de reinar" (22,9), "debe reinar un hijo del rey" (23,3), "sacaron al hijo del rey" (23,11), "lo proclamaron rey lo ungieron" (11), "instalaron al rey en el trono real" (20).