miércoles, 25 de marzo de 2020

2 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXXVI

 Joacaz de Judá (609) (2 Re 23,30-34)

361La gente tomó a Joacaz, hijo de Josías, y lo nombraron rey sucesor en Jerusalén. 2Cuando Joacaz subió al trono tenía veintitrés años y reinó tres meses en Jerusalén. 3El rey de Egipto lo destronó, impuso al país un tributo de cien pesos de plata y un peso de oro, 4y nombró rey de Judá y Jerusalén a su hermano Eliacín, cambiándole el nombre por el de Joaquín. A su hermano Joacaz se lo llevó Necó a Egipto.

Joaquín de Judá (609-598) (2 Re 23,36-37)

5Cuando Joaquín subió al trono tenía veinticinco años y reinó en Jerusalén once años. Hizo lo que el Señor, su Dios, reprueba. 6Nabucodonosor de Babilonia subió contra él y lo condujo a Babilonia atado con cadenas de bronce. 7También se llevó algunos objetos del templo y los colocó en su palacio de Babilonia.

8Para más datos sobre Joaquín, las iniquidades que cometió y todo lo que ha sucedido, véase el libro de los reyes de Israel y Judá. Su hijo Jeconías le sucedió en el trono.

Jeconías de Judá (598-597) (2Re 24,8-9)

9Cuando Jeconías subió al trono tenía ocho años y reinó en Jerusalén tres meses y diez días. Hizo lo que el Señor reprueba. 10A principios del año, el rey Nabucodonosor envió a por él y lo llevaron a Babilonia, junto con los objetos de valor del templo. Nombró rey de Judá y Jerusalén a su hermano Sedecías.

Sedecías de Judá (597-587) (2 Re 24,18-20)

11Cuando Sedecías subió al trono tenía veintiún años y reinó en Jerusalén once años. 12Hizo lo que el Señor, su Dios, reprueba; no se humilló ante el profeta Jeremías, que le hablaba en nombre de Dios. 13Además, se rebeló contra el rey Nabucodonosor, que le había tomado juramento solemne de fidelidad. Se puso terco y se negó por completo a convertirse al Señor, Dios de Israel. 14También las autoridades de Judá, los sacerdotes y el pueblo obraron inicuamente, imitando las abominaciones de los paganos y profanando el templo que el Señor había consagrado en Jerusalén.

15El Señor, Dios de sus padres, les enviaba continuamente mensajeros, porque sentía lástima de su pueblo y de su morada; 16pero ellos se burlaban de los mensajeros de Dios, se reían de sus palabras y se mofaban de los profetas, hasta que la ira del Señor se encendió sin remedio contra su pueblo. 17Entonces envió contra ellos al rey de los caldeos, que mató en su santuario a sus hijos; a todos los entregó en sus manos, sin perdonar joven, muchacha, anciano o canoso. 18Y se llevó a Babilonia todos los objetos del templo, grandes y pequeños, los tesoros del templo, los del rey y los de los magnates. 19Incendiaron el templo, derribaron la muralla de Jerusalén, pasaron a fuego todos sus palacios y destrozaron todos los objetos de valor. 20Se llevó desterrados a Babilonia a los supervivientes de la matanza y fueron esclavos suyos y de sus descendientes hasta el triunfo del reino persa. 21Así se cumplió lo que anunció el Señor por Jeremías, y la tierra disfrutó de su descanso sabático todo el tiempo que estuvo desolada, hasta cumplirse setenta años.

22El año primero de Ciro, rey de Persia, el Señor, para cumplir lo que había anunciado por medio de Jeremías, movió a Ciro, rey de Persia, a promulgar de palabra y por escrito en todo su reino: 23<<Ciro, rey de Persia, decreta: El Señor, Dios del cielo, me ha entregado todos los reinos de la tierra y me ha encargado construirle un templo en Jerusalén de Judá. Todos los de ese pueblo que viven entre nosotros pueden volver. Y que el Señor, su Dios, esté con ellos>>.

Explicación.

36 Parece que el Cronista tiene prisa por terminar esta etapa y no quiere repetir con detalles los últimos pasos de la catástrofe. Selecciona y resume datos de 2 Re y del libro de Jeremías. En compensación amplifica la interpretación religiosa de los sucesos, como había hecho el libro de los Reyes a la caída de Samaría (2 Re 17).

36,6-7 Parece tratarse de la campaña de Nabucodonosor antes de ocupar el trono. Joaquín no fue conducido a Babilonia; el Cronista le depara la misma suerte que a Manasés y a Jeconías.

36,9 El original dice dieciocho años y tiene razón; puede tratarse de un error textual.

36,10 Se trata de la primera deportación, en la que el rey, rindiéndose, logra salvar un residuo de autonomía. Sedecías era tío de Jeconías.

36,14 Abominaciones: véanse Dt 18,9-12; 20,18; 2 Re 21,2, y también la enumeración de 2 Re 17.

36,15 Es decir, profetas. El tema recurre en Jeremías, el profeta que cierra una era, y reaparece en Zac 1, hacia el comienzo de la era siguiente.

36,20-21 En dos versos resume la etapa del destierro, una etapa de setenta años (en números redondos). Para la tierra es un descanso "sabático" forzado: Lv 26,2 enuncia la ley del barbecho septenal de las tierras, mientras que Lv 26,34-35 recoge entre las maldiciones este barbecho forzado de compensación "descanso de sábado que vosotros no disteis mientras la habitabais". Para los supervivientes de la matanza una etapa de esclavitud en tierra extranjera, repitiendo la experiencia de Egipto: véanse Dt 28,48.68 (serie de maldiciones).

Se trata de una evidente simplificación teológica. Los hechos históricos fueron más complejos y diferenciados. La tierra se siguió cultivando no sólo el primer año, durante la prefectura de Godolías (Jr 40,12), sino en los años sucesivos; pues la deportación no fue total. En cuanto a la deportación, si para muchos significó la cárcel o trabajos forzados, otros se fueron estableciendo con cierta independencia y aun prosperidad económica; Isaías II es testigo de lo primero, Ezequiel de lo segundo. Con todo, se puede hablar de un barbecho forzado en comparación con el cultivo bien organizado de antes, y de una esclavitud consistente en el vasallaje total.

En estos años se desarrolla la segunda actividad profética de Ezequiel, dominada por los magníficos oráculos de restauración; incluyendo los trabajos de sus discípulos, incorporados en el actual libro de Ezequiel. Más adelante surge la predicación entusiasta del "evangelista" anónimo (Is 40-55) que llamamos Isaías II: uno de los mayores poetas y teólogos de la literatura hebrea, que supo encender y alimentar la esperanza de los exiliados. No quedó en barbecho el pueblo judío en el destierro, antes realizó progresos definitivos.

La población en general siguió los consejos de Jeremías (Jr 29), garantizando la continuidad. Algunos mantuvieron un espíritu de resistencia pasiva, juramentados en su fidelidad a la patria (Sal 137); otros se resignaron con su suerte, como si la experiencia histórica con el Señor hubiera terminado (como testimonia el profeta del destierro), otros supieron instalarse y mantener una fidelidad al Señor y a su pueblo sin intención de volver a la patria.

En el escenario internacional se incubaban cambios importantes, que el clarividente Isaías II supo captar e interpretar.

36,22-23 Cuando separaron los libros de Esdras de las Crónicas, o cuando colocaron las Crónicas al final de la Biblia hebrea, repitieron aquí el comienzo de Esdras. Así se marca la unión, y la cadencia final de este libro es de esperanza, análogamente a lo que sucede al final de 2 Re.

2 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXXV

 351Josías celebró en Jerusalén la Pascua del Señor, inmolándola el día catorce del primer mes. 2Asignó a los sacerdotes sus funciones y los confirmó en el servicio al templo. 3Y dijo a los levitas consagrados al Señor, encargados de instruir a Israel:

-Dejad el arca santa en el templo que construyó Salomón, hijo de David, rey de Israel; no tenéis ya que trasladarla a hombros. Dedicaos ahora a servir al Señor, vuestro Dios, y a su pueblo, Israel. 4Organizaos en turnos por familias, como dispusieron por escrito el rey David y su hijo Salomón. 5Ocupad vuestros puestos en el santuario, dividiendo vuestras familias de forma que cada grupo levítico se encargue de un grupo de familias seglares. 6Inmolad la Pascua, purificaos y preparádsela a vuestros hermanos para que puedan cumplir lo que mandó el Señor por medio de Moisés.

7Josías proporcionó a la gente corderos y cabritos -treinta mil en total- para sacrificios pascuales de todos los presentes y tres mil bueyes, todo ello de la hacienda real. 8Las autoridades ayudaron voluntariamente al pueblo, a los sacerdotes y a los levitas. Jelquías, Zacarías y Yejiel, intendentes del templo, dieron a los sacerdotes dos mil seiscientos animales pascuales y trescientos bueyes. 9Conanías, Semayas, su hermano Natanael, Jsabías, Yeguiel y Jozabad, jefes de los levitas, proporcionaron a los levitas cinco mil animales pascuales y quinientos bueyes.

10Cuando estuvo preparada la ceremonia, los sacerdotes ocuparon sus puestos y los levitas se distribuyeron por clases, como había ordenado el rey. 11Inmolaron la Pascua. Los sacerdotes rociaban la sangre, mientras los levitas desollaban las víctimas. 12Separaban la parte que debía ser quemada y la entregaban a las diversas familias seglares, para que ellas la ofreciesen al Señor, como está escrito en el libro de Moisés. 13Lo mismo hicieron con los bueyes. Asaron la pascua, como está mandado, y cocieron los alimentos sagrados en ollas, calderos y cazuelas, repartiéndolos en seguida a todos los laicos. 14Después la prepararon para ellos mismos y para los sacerdotes; como los sacerdotes aaronitas estuvieron ocupados hasta la noche en ofrecer los holocaustos y las grasas, los levitas la prepararon para sí mismos y para ellos.

15Los cantores, descendientes de Asaf, estaban en sus puestos, como habían mandado David, Asaf, Hemán y Yedutún, vidente del rey. Los porteros ocuparon cada cual su puesto, sin necesidad de abandonar su trabajo, porque sus hermanos levitas se lo prepararon todo. 16Toda la ceremonia se realizó aquel mismo día: se celebró la Pascua y se inmolaron holocaustos en el altar del Señor, como había mandado el rey Josías. 17Los israelitas que se hallaban presentes celebraron entonces la Pascua y a continuación la fiesta de loa Ázimos durante siete días.

18Desde los tiempos del profeta Samuel ningún rey de Israel había celebrado una Pascua como la que organizaron Josías, los sacerdotes, los levitas, todos los judíos e israelitas que se encontraban allí y los habitantes de Jerusalén. 19Se celebró el año dieciocho del reinado de Josías.

20Bastante después de que Josías restaurase el templo, el rey de Egipto, Necó, se dirigió a Cárquemis, junto al Éufrates, para entablar batalla. Josías salió a hacerle frente. 21Entonces Necó le envió este mensaje:

-No te metas en mis asuntos, rey de Judá. No vengo contra ti, sino contra la dinastía que me hace la guerra. Dios me ha dicho que me dé prisa. Deja de oponerte a Dios, que está conmigo, no sea que él te destruya.l

22Pero Josías, en vez de dejarle paso franco, se empeñó en combatir. Desatendiendo lo que Dios le decía por medio de Necó, entabló batalla en la llanura de Meguido. 23Los arqueros dispararon contra el rey Josías, y éste dijo a sus servidores:

-Sacadme del combate, porque estoy gravemente herido.

24Sus servidores lo sacaron del carro, lo trasladaron al otro que poseía y lo llevaron a Jerusalén, donde murió. Lo enterraron en las tumbas de sus antepasados. Todo Judá y Jerusalén hizo duelo por Josías. 25Jeremías compuso una elegía en su honor, y todos los cantores y cantoras siguen recordándolo en sus elegías. Se han hecho tradicionales en Israel; pueden verse en las Lamentaciones.

26Para más datos sobre Josías, las obras de piedad que hizo de acuerdo con la Ley del Señor y todas sus gestas, 27de las primeras a las últimas, véase el libro de los reyes de Israel y Judá.


Explicación.

35 Respecto a Josafat, Josías asigna nuevas funciones a los levitas. Si bien los sacerdotes se reservan la función primaria de rociar la sangre, a los levitas tocan todos los trabajos que hacen funcionar la ceremonia. Se les asigna una función mediadora importantísima: estar en contacto con las familias seglares mientras los sacerdotes quedan distanciados. Al trasladarse definitivamente la fiesta, de las casas al templo, desaparecen algunos ritos y se añaden sacrificios complementarios al pascual. Víctimas pascuales son reses de ganado menor, preferentemente corderos; para los otros sacrificios se emplean reses de ganado mayor.

El autor presenta algunas novedades, poniendo empeño en remontarse a la institución de Moisés. Es probable que refleje usos de su propia época.

35,3 A varios siglos de construido el templo, la noticia suena extraña (cfr. 1 Cr 16,37; 23,4). ¿Es que los levitas llevaban procesionalmente el arca en algunas festividades? La escuela de Ezequiel y escritos posteriores hablan de una carroza donde se transportaba el arca. En cualquier caso, una tarea semejante de algunos levitas sería excepcional y no impediría el servicio ordinario. Según Nm 9, los israelitas celebran una Pascua y en seguida emprenden la marcha transportando todos los enseres del culto; esto ya no es necesario.

35,7 Si calculamos cinco personas por res, nos sale una multitud de casi doscientas mil personas; demasiadas para caber en los atrios del templo.

35,11 Con la sangre se rociaba el altar. En Egipto se rociaron las jambas de las puertas.

35,15 Si ocupaban su puesto, sería para acompañar la ceremonia con música.

35,19 Si el hallazgo del libro y la celebración de la Pascua suceden el mismo año, la reforma tuvo que suceder antes. También en 2 Re se da la misma fecha, aunque coloca la laboriosa reforma entre ambos sucesos.

35,20-23 Rápidamente se desmoronaba el imperio de Asiria. En 612 cayó Nínive, en 610 fue conquistada la nueva capital, Jarrán. Aunque los medos habían colaborado en la empresa, el nuevo poder histórico era Babilonia y su rey se llamaba Nabopolasar. El Faraón quiso, al parecer, contrarrestar ese rápido ascenso, apoyando al débil monarca asirio. Buscaba casi un protectorado que le asegurase una ventajosa penetración hasta el Éufrates. Su acción tenía que ser rápida para lograr éxito. Josías se sintió amenazado por el Faraón y temió que el asirio pudiera reconquistar los territorios de Israel; por eso le hizo frente en el clásico paso estratégico de Meguido, frustrando la prisa del egipcio.

El Cronista da una versión religiosa del suceso: la urgencia política y militar del Faraón es un acoso de la divinidad, de la que se siente servidor y mensajero. Josías no reconoce en esa la voz de Dios, y paga la culpa. ¿Y cómo podía reconocerla? El autor no explica su teoría. Quizá la deduce de un principio general: que Israel no debe enredarse en la política de los imperios, que no es su misión interponerse entre las dos potencias, que Dios dirige la historia por sus caminos.

35,24 Según 2 Re, Josías murió en Meguido.

35,25 Históricamente, la intervención literaria de Jeremías es posible, hasta probable. Pero el libro que nosotros llamamos Lamentaciones ni es de Jeremías ni es una elegía por el rey Josías.

2 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXXIV

 Josías de Judá (641-609) (2 Re 22,1-20; 3,1-5.22.29-30)

341Cuando Josías subió al trono tenía ocho años y reino en Jerusalén treinta y un años. 2Hizo lo que el Señor aprueba. Imitó la conducta de su antepasado David, sin desviarse a derecha ni izquierda. 3El año octavo de su reinado, cuanto todavía era un muchacho, comenzó a servir al Dios de su antepasado David, y el año doce empezó a purificar Judá y a Jerusalén de sus ermitas, estelas, estatuas e ídolos. 4Destruyeron en su presencia los altares de los baales y derribó los cipos que había sobre ellos; las estelas, las estatuas y los ídolos los trituró hasta reducirlos a polvo, y los esparció sobre las tumbas de los que les habían ofrecido sacrificios. 5Quemó sobre sus altares los huesos de los sacerdotes. Así purificó a Judá y Jerusalén. 6En las ciudades de Manasés, Efraín, Simeón y hasta de Neftalí, en todos sus lugares, 7destruyó los altares, trituró hasta hacer polvo las estelas y las estatuas y derribó los cipos en todos los territorios de Israel. Luego volvió a Jerusalén.

8El año dieciocho de su reinado, cuando terminó de purificar el país y el templo, mandó a Safán, hijo de Asalías, al alcalde Maseyas y al canciller Yoaj, hijo de Joacaz, a reparar el templo del Señor, su Dios. 9Se presentaron al sumo sacerdote, Jelcías, para recoger el dinero ingresado en el templo por las colectas de los porteros levitas en Manasés, Efraín, el resto de Israel, y en Judá, Benjamín y la población de Jerusalén. 10Lo entregaron a los encargados de las obras del templo, y los maestros de obras que trabajaban en el templo lo dedicaron a reparar y restaurar el edificio, 11entregándolo a los carpinteros y albañiles para comprar sillares para los muros y madera para las vigas de los edificios que los reyes de Judá habían dejado arruinarse. 12Aquellos hombres realizaron su trabajo con toda honradez. Estaban designados para dirigir las obras los levitas Yájat y Abdías, descendientes de Merarí, y Zacarías y Mesulán, descendientes de Quehat. Los levitas, como sabían tocar diversos instrumentos, acompañaban a los acarreadores 13y dirigían a todos los obreros, cualquiera que fuese su tarea. Otros levitas eran secretarios, inspectores y porteros.

14Cuando estaban sacando el dinero ingresado en el templo, el sacerdote Jelcías encontró el libro de la Ley del Señor escrito por Moisés. 15Entonces Jelcías dijo al cronista Safán:

-He encontrado en el templo el libro de la Ley.

Y se lo entregó a Safán.

16Este se lo llevó al rey cuando fue a darle cuenta de su tarea.

17-Tus siervos ya han hecho todo lo que les encargaste. Recogieron el dinero que había en el templo y se lo entregaron a los encargados y los obreros.

18Y le comunicó la noticia:

-El sacerdote Jelcías me ha dado un libro.

19Safán lo leyó ante el rey, y cuando éste oyó el contenido de la 20Ley se rasgó los vestidos y ordenó a Jelcías, a Ajicán, hijo de Safán, a Abdón, hijo de Miqueas, al cronista Safán y al funcionario real Asayas:

21-Id a consultar al Señor por mí, por el resto de Israel y por Judá a propósito del libro encontrado; una cólera violenta desfoga el Señor contra nosotros porque nuestros padres no obedecieron la palabra del Señor, cumpliendo lo prescrito en este libro.

22Jelcías y los designados por el rey fueron a ver a la profetisa Julda, esposa del guardarropa Salún, hijo de Ticuá, de Jasrá, que vivía en Jerusalén, en el barrio nuevo. 23Le expusieron el caso y ella les respondió:

-Así dice el Señor, Dios de Israel: Decidle al que os ha enviado: 24<<Así dice el Señor: Yo voy a traer la desgracia sobre este lugar y sus habitantes, todas las maldiciones escritas en el libro que han leído ante el rey de Judá. 25Por haberme abandonado y haber quemado incienso a otros dioses, irritándome con sus ídolos, está ardiendo mi cólera contra este lugar y no se apagará. 26Y el rey de Judá, que os ha enviado a consultar al Señor, decidle: Así dice el Señor, Dios de Israel: 27Por haber escuchado estas palabras con dolor de corazón, humillándote ante Dios al oír sus amenazas contra este lugar y sus habitantes, porque te has humillado ante mí, te has rasgado los vestidos y llorado en mi presencia, también yo te escucho -oráculo del Señor-. 28Cuando yo te reúna con tus padres te enterrarán en paz, sin que lleguen a ver tus ojos la desgracia que voy a traer a este lugar y a sus habitantes>>.

29Ellos llevaron la respuesta al rey, y éste dio órdenes para que se presentasen los ancianos de Judá y de Jerusalén. 30Luego subió al templo, acompañado de todos los judíos, los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes, os levitas y todo el pueblo, chicos y grandes. El rey les leyó el libro de la alianza encontrado en el templo. 31Después, en pie sobre su estrado, selló ante el Señor la alianza, comprometiéndose a seguirle y cumplir sus preceptos, normas y mandatos con todo su corazón y con toda su alma, poniendo en práctica las cláusulas de la alianza escritas en este libro. 32Hizo suscribir la alianza a todos los que se encontraban en Jerusalén. La población de Jerusalén actuó según la alianza del Dios de sus padres.

33Josías suprimió las abominaciones de todos los territorios israelitas e hizo que todos los residentes en Israel diesen culto al Señor, su Dios. Durante su vida no se apartaron del Señor, Dios de sus padres.

Explicación.

34-35 Josías fue, según 2 Re 22-23, exactamente lo contrario de su abuelo, Manasés: monarca piadoso y gran reformador. Sin embargo, murió trágicamente en una batalla inútil. La suerte del rey querido fue un escándalo o un misterio para los judíos. El Cronista lo arregla introduciendo un pecado del rey, interpretando con desobediencia a Dios un acto de imprudencia política. También cambia el orden de los sucesos.

Según 2 Re, el orden es: a los ocho años asciende al trono, es fiel a Dios; dieciocho años después ( a los veintiséis de edad) encuentra el libro de la Ley, renueva la alianza, emprende la gran reforma, celebra la Pascua; a los treinta y nueva años de edad muere.

Según el Cronista: a los ocho años sube al trono, ocho años después (a los dieciséis de edad) se entrega al Señor, cuatro después (a los veinte de edad) emprende la reforma de Judá, seis más tarde (veintiséis) se encuentra el libro de la Ley, renueva la alianza, prosigue la reforma en Israel, celebra la Pascua, a los treinta y nueve años de edad muere.

Además de este cambio, resume mucho las medidas concretas de la reforma y narra con toda amplitud la celebración de la Pascua.

34,3 La frase suena como si se tratase de una conversión personal. Según las fechas, Josías conoció en su niñez a su abuelo Manasés y creció en la temprana juventud de su padre (nació cuando Amón tenía dieciséis años); pudo haber recibido una educación perversa.

Nada de esto dice la fuente. Es posible que los que mataron a los conspiradores fueran partidarios de una reforma religiosa y que influyeran en el rey niño. Ni 2 Re ni 2 Cr nos iluminan al respecto.

34,3-4 Véase Dt 7,5. Pero según nuestro autor, Josías todavía no ha encontrado el libro de la Ley.

34,6-7 Tal actividad desarrollada libremente en el territorio septentrional encajaría mejor después de la muerte de Asurbanipal, cuando el poder asirio había entrado en decadencia.

34,12-13 El empleo de la música instrumental para dirigir el ritmo del trabajo era bien conocido en el mundo antiguo. Tratándose de tareas del templo, es lógico que el Cronista encomiende esta prestación a sus queridos levitas.

34,33 El verso es un juicio de conjunto; el término Israel parece estar usado en su sentido primitivo para designar a todo el pueblo escogido. De Manasés había dicho (33,16) "ordenó que los judíos diesen culto al Señor". Es decir, Josías extiende la labor comenzada por su abuelo ya convertido.

2 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXXIII

 Manasés de Judá (698-643) (2 Re 21,1-18)

331Manasés tenía doce años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén cincuenta y cinco años. 2Hizo lo que el Señor reprueba, imitando las costumbres abominables de las naciones que el Señor había expulsado ante los israelitas. 3Reconstruyo las ermitas de los altozanos derruidas por su padre. Ezequías, levantó altares a los baales, erigió estelas, adoró y dio culto a todo el ejército del cielo; 4puso altares en el templo del Señor, del que había dicho el Señor: <<Mi nombre estará en Jerusalén para siempre>>; 5edificó altares a todo el ejército del cielo en los dos atrios del templo; 6quemó a sus hijos en el valle de Ben-Hinón; practicó la adivinación, la magia y la hechicería, e instituyó nigromantes y adivinos. Hacía continuamente lo que el Señor reprueba, irritándolo. 7La imagen del ídolo que había fabricado la colocó en el templo de Dios, del que Dios había dicho a David y a su hijo Salomón; <<En este templo y en Jerusalén, a la que elegí entre todas las tribus de Israel, pondré mi nombre para siempre, 8ya no dejaré que Israel ande lejos de la tierra que asigné a vuestros padres, a condición de que pongan por obra cuanto les mandé siguiendo la Ley, los preceptos y las normas de Moisés>>.

9Pero Manasés extravió a Judá y a la población de Jerusalén para que se portase peor que las naciones que el Señor había exterminado ante los israelitas.

10El Señor dirigió su palabra a Manasés y a su pueblo, pero no le hicieron caso. 11Entonces hizo venir contra ellos a los generales del rey de Asiria, que apresaron a Manasés con garfios, lo ataron con cadenas de bronce y lo condujeron a Babilonia. 12En su angustia procuró aplacar al Señor, su Dios, y se humilló profundamente ante el Dios de sus padres y le suplicó. 13El Señor lo atendió con benignidad, escuchó su súplica y lo hizo volver a Jerusalén, a su reino. Manasés reconoció que el Señor es el verdadero Dios.

14Más tarde construyó una barbacana en la Ciudad de David, desde el oeste de Guijón, en el torrente, hasta la Puerta del Pescado, rodeando el Ofel; la hizo muy alta. Puso oficiales en todas las fortalezas de Judá.

15Suprimió del templo los dioses extranjeros y el ídolo; y arrojó fuera de la ciudad todos los altares que había construido en el monte del templo y en Jerusalén. 16Restauró el altar del Señor e inmoló sobre él sacrificios de comunión y de acción de gracias. Y ordenó que los judíos diesen culto al Señor, Dios de Israel. 17Pero el pueblo siguió sacrificando en las ermitas de los altozanos, aunque sólo al Señor, su Dios.

18Para más datos sobre Manasés, la oración que hizo y los oráculos de los videntes que le hablaban en nombre del Señor, Dios de Israel, véase la historia de los reyes de Israel. 19Su oración y la acogida divina, su pecado y su rebeldía, los lugares donde levantó ermitas y erigió estelas e ídolos antes de su conversión están registrados en la historia de sus videntes. 20Cuando murió Manasés lo enterraron en su casa. Su hijo Amón le sucedió en el trono.

Amón de Judá (643-641) (2 Re 21,19-26)

21Amón tenía veintidós años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén dos años. 22Hizo lo que el Señor reprueba, igual que su padre, Manasés. Amón sacrificó y dio culto a todos los ídolos que hizo su padre, Manasés. 23Pero no se humilló ante el Señor, como había hecho su padre; al contrario, multiplicó sus culpas. 24Sus cortesanos conspiraron contra él y lo asesinaron en el palacio. 25Pero la población mató a los conspiradores y nombraron rey sucesor suyo a Josías, hijo de Amón.

Explicación.

33 El Manasés de 2 Re 21 es el monarca de memoria maldita, que multiplicó ídolos y altares, extravió a su pueblo, derramó ríos de sangre inocente y no hizo caso a los profetas; fue la causa próxima del destierro. Pero reinó cincuenta y cinco años y no llegó a ver la desgracia nacional. En el arco de la historia, Manasés es una negación entre la reforma de Ezequías y la de Josías.

El Manasés del Cronista es un modelo de conversión. Todos sus crímenes caen en la primera época de su vida. Después acepta el castigo, reconoce el pecado, se convierte y emprende una seria reforma en su reino. Así se justifica su largo reinado, pero no se explica la reforma de Josías.

33,10 El profeta de 2 Re anuncia aquí el castigo definitivo y próximo de la nación.

33,11 Se refiere al tiempo en que el monarca asirio, Asurbanipal, residió en Babilonia.

33,12 Aplacar: Éx 32,11 (Moisés), 1 Re 13,6 (un profeta); Jr 26,19 (Ezequías), etc. Como modelo de humillación puede recordarse Ajab (1 Re 21,29).

33,18 La llamada Oración de Manasés suele imprimirse como apéndice no canónico de la Vulgata.

2 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXXII

 321Después de estos actos de lealtad, Senaquerib, rey de Asiria, se puso en marcha, llegó a Judá, sitió las fortalezas y dio orden de conquistarlas. 2Ezequías advirtió que Senaquerib venía dispuesto a atacar a Jerusalén. 3Reunido en consejo con las autoridades civiles y militares, propuso cegar los manantiales que había fuera de la ciudad; y ellos lo apoyaron. 4Reunieron mucha gente y cegaron todas las fuentes y el torrente que atravesaba la ciudad, diciéndose: <<Sólo falta que cuando venga el rey de Asiria encuentre agua en abundancia>>. 5Con gran energía reparó toda la muralla derruida, la coronó con torres, edificó una barbacana, fortificó la zona del terraplén, la Ciudad de David, e hizo numerosas armas arrojadizas y adargas. 6Nombró jefes militares al mando de la población, los reunió en la Plaza Mayor y los arengó con estas palabras:

7-¡Ánimo y valor! No os asustéis ni acobardéis ante el rey de Asiria y la multitud que le sigue. 8Nosotros contamos con algo más grande que él. El cuenta con fuerzas humanas, nosotros con el Señor, nuestro Dios, que nos auxilia y guerrea con nosotros.

El pueblo se animó con las palabras de Ezequías, rey de Judá.

9Más tarde, mientras Senaquerib, rey de Asiria, sitiaba Laquis con todas sus tropas, envió a unos cortesanos a Jerusalén para que dijesen a Ezequías, rey de Judá, y a todos los judíos que se encontraban en Jerusalén:

10-Así dice Senaquerib, rey de Asiria: ¿En qué confiáis para seguir en una ciudad sitiada como Jerusalén? 11¿No veis que Ezequías os ha engañado y os lleva a morir de hambre y de sed cuando dice: <<El Señor, nuestro Dios, nos salvará de la mano del rey de Asiria>>? 12¿No fue él quien suprimió sus ermitas y sus altares ordenando a judíos y jerosolimitanos que se postren y quemen incienso ante un único altar? 13¿No sabéis lo que hice yo y lo que hicieron mis antepasados con todos los pueblos del mundo? ¿Acaso los dioses de esos pueblos pudieron librar sus territorios de mi mano? 14 ¿Qué Dios de esos pueblos que exterminaron mis antepasados consiguió librar a su gente de mi mano? ¿Y va a poder salvaros vuestro Dios? 15No os dejéis engañar y embaucar por Ezequías. No confiéis en él. Ningún dios de ninguna nación o reino pudo librar a su pueblo de mi mano y de la de mis antepasados. ¡Y va a poder libraros vuestro Dios!

16Los cortesanos siguieron hablando contra el Señor Dios y contra su siervo Ezequías. 17(Senaquerib había escrito también un mensaje ultrajando al Señor, Dios de Israel, y diciendo contra él: <<Lo mismo que los dioses nacionales no libraron sus pueblos de mi mano, tampoco el Dios de Ezequías librará a su pueblo>>). 18Hablaban a voces, en hebreo, al pueblo de Jerusalén que se encontraba en la muralla, para atemorizarlo y asustarlo, a fin de apoderarse de la ciudad. 19Hablaron del Dios de Jerusalén como si se tratase de un dios cualquiera, fabricado por hombres.

20El rey Ezequías y el profeta Isaías, hijo de Amós, se pusieron en oración con este motivo y clamaron al cielo. 21Entonces el Señor envió un ángel, que aniquiló a todos los soldados y a los jefes y oficiales del campamento del rey asirio. Este volvió a su país derrotado, y una vez que entró en el templo de su dios lo asesinaron allí sus propios hijos. 

22El Señor salvó a Ezequías y a los habitantes de Jerusalén de manos de Senaquerib, rey de Asiria, y de todos los enemigos concediéndoles paz en las fronteras. 23Mucha gente vino a Jerusalén para ofrecer dones al Señor y presentes a Ezequías de Judá, que a raíz de esto adquirió gran prestigio en todas las naciones.

24Por entonces Ezequías había enfermado de muerte Oró al Señor, que le prometió curarlo y le concedió un prodigio. 25Pero Ezequías no correspondió a este beneficio; al contrario, se engrió y atrajo sobre sí, sobre Judá y sobre Jerusalén la cólera del Señor. 26Pero luego se arrepintió de su orgullo, junto con todos los habitantes de Jerusalén, y el Señor no volvió a airarse contra ellos en vida de Ezequías. 27Tuvo gran riqueza y prestigio. Acumuló gran cantidad de plata, oro, piedras preciosas, aromas, adargas y objetos de valor de todas clases; 28construyó silos para las cosechas de trigo, mosto y aceite, establos para todo tipo de ganado y apriscos para los rebaños. 29Edificó ciudades y reunió un inmenso rebaño de ovejas y vacas, porque Dios le concedió muchísimos bienes.

30Fue Ezequías quien cegó la salida superior de las aguas de Guijón y las desvió por un subterráneo a la parte occidental de la Ciudad de David. 31Triunfó en todas sus empresas; y cuando los príncipes de Babilonia le enviaron mensajeros para informarse del prodigio que había sucedido en su país, si Dios lo abandonó fue para ponerlo a prueba y conocer sus intenciones.

32Para más datos sobre Ezequías y sobre sus obras de piedad, véanse el libro del profeta Isaías, hijo de Amós, y el libro de los reyes de Judá e Israel. 33Cuando murió Ezequías lo enterraron en la cuesta de las tumbas de los descendientes de David. Los judíos y la población de Jerusalén le dedicaron un gran funeral. Su hijo Manasés le sucedió en el trono.

Explicación.

32 Mientras la breve nota del original se convertía en tres capítulos del Cronista, los tres capítulos de relatos del original (2 Re 18-20) se resumen en un solo capítulo. En él entresaca hechos y cita el texto variando y comentando Puede leerse este capítulo como ejemplo de comentario midrásico narrativo. Comparándolo con la fuente, se comprobará la gran superioridad de ésta como pieza de arte narrativa.

32,1 Según la fuente, el año catorce de su reinado. 2 Re 18,13-37; 19,35.

32,2 El Cronista se calla que Ezequías se ofreció a pagar una fuerte multa para comprar la independencia.

32,5 "Con gran energía" jugando con el nombre del rey en una conocida paronomasia. "Fortificó" nueva paronomasia.

32,7 "Ánimo". En la arenga resuena la teología y la terminología de Isaías (Is 7,4).

32,8 Después de tomar todas las medidas humanas, el rey pone su confianza en Dios: véase Is 22,8-11.

Dios está con ellos, según Is 8,9-10 y Sal 20,8.

32,10-11 Muerte de hambre y sed, por el sitio prolongado, sin necesidad de asalto militar.

32,12-14 Suprime la mención del Faraón y el desafío a Ezequías para concentrarse en el tema de los dioses, machacando la misma idea, hasta repetirla ocho veces.

32,22 "Salvo" es el verbo del nombre teofórico de Isaías (Yesa´yahu).

32,25 Quizá se refiera a la vanidad del rey enseñando sus tesoros a los embajadores extranjeros (2 Re 20,13).

32,27-29 La valoración de las riquezas contrasta con el duro juicio de Is 2,6-7. Ezequías es como un nuevo Salomón.

32,30 Túnel que todavía se conserva y que deriva el agua hasta la alberca de Siloé.

32,31 El prodigio es su curación inesperada (2 Re 20). "Ponerlo a prueba" (véase Dt 8,2).

32,33 No incluye a israelitas en los funerales.

2 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXXI

 311Terminada la fiesta, todos los israelitas presentes recorrieron las ciudades de Judá destruyendo los cipos, talando las estelas y demoliendo las ermitas y los altares de todo Judá, Benjamín, Efraín y Manasés hasta que no quedó ni uno. Luego cada cual se volvió a su casa y su ciudad.

2Ezequías organizó por clases a los sacerdotes y levitas, asignando a cada uno su función sacerdotal o levítica: ofrecer holocaustos y sacrificios de comunión, dar gracias y alabar y servir a la entrada de los campamentos del Señor. 3Destinó parte de los bienes de la corona a toda clase de holocaustos: matutinos y vespertinos, de los sábados, principios de mes y festividades, como manda la Ley del Señor. 4A los habitantes de Jerusalén les ordenó ayudar económicamente a los sacerdotes y levitas para que pudieran dedicarse a la Ley del Señor. 5Cuando se difundió la orden, los israelitas recogieron las primicias del trigo, del mosto, del aceite y de la miel y de todos los productos agrícolas y entregaron abundantes diezmos de todo. 6También los israelitas y judíos que habitaban en las ciudades de Judá entregaron el diezmo del ganado mayor y menor y el diezmo de las cosas sacrosantas dedicadas al Señor, disponiéndolos en montones. 7Comenzaron a hacer los montones en mayo y terminaron en octubre. 8Cuando llegaron Ezequías y las autoridades, al ver los montones, bendijeron al Señor y a su pueblo, Israel. 9Ezequías pidió a los sacerdotes y levitas que le informasen sobre ellos. 10El sumo sacerdote, Azarías, de la familia de Sadoc, le dijo:

-Desde que comenzaron a traer ofrendas al templo hemos comido hasta saciarnos; pero ha sobrado mucho porque el Señor ha bendecido a su pueblo. Toda esta cantidad es lo que ha sobrado.

11Ezequías dio orden de preparar unos silos en el templo. Cuando lo hicieron llevaron fielmente las ofrendas, el diezmo y los dones sacrosantos. 12Encargaron de ellos al levita Conanías y a su hermano Semeí como ayudante. 13Por orden del rey Ezequías y de Azarías, prefecto del templo, nombraron inspectores a Yejiel, Azazías, Nájat, Asael, Yerimot, Yozabad, Eliel, Yismaquías, Májat y Benayas a las órdenes de Conanías y de su hermano Semeí. 14El levita Coré, hijo de Yimná, portero de la Puerta de Oriente, estaba encargado de las ofrendas voluntarias y de administrar las ofrendas del Señor y los dones sacrosantos. 15A sus órdenes estaban Eden Minyamín, Jesús, Semayas, Amarías y Secanías, repartidos por las ciudades sacerdotales para proveer permanentemente a sus hermanos, según sus clases, 16fuesen grandes o pequeños, con tal que estuviesen inscritos entre los varones a partir de los tres años; es decir, proveían a todos os que entraban diariamente al servicio del templo para realizar las funciones asignadas a sus clases.

17Los sacerdotes estaban registrados por familias y los levitas -a partir de los veinte años- por sus funciones y clases. 18Debían registrarse con toda su familia, mujeres, hijos e hijas, todo el grupo, porque habían de ser fieles a su consagración. 19Respecto a los sacerdotes aaronitas que vivían en los ejidos de sus ciudades, en todas ellas había personas encargadas nominalmente de proveer a los sacerdotes varones y a todos los levitas inscritos en el registro.

20Ezequías impuso esta norma en todo Judá. Actuó con bondad, rectitud y fidelidad de acuerdo con el Señor, su Dios. 21Todo lo que emprendió en servicio del templo, de la Ley y de los preceptos lo hizo sirviendo a su Dios de todo corazón. Por eso tuvo éxito.

Explicación.

31,1 La purificación se extiende más allá del territorio judío; con la bina Efraín y Manasés, paralela de Judá y Benjamín, quizá designe el autor la totalidad del reino septentrional. En el norte pueden quedar israelitas fieles, no quedan sacerdotes ni levitas. Cuando se habla del pueblo del Señor (v.8), se emplea el término clásico Israel.

31,2 "El campamento" es una designación arcaizante del templo.

31,3 Véanse las disposiciones del Levítico.

31,4 Véanse Lv 7 y 27.

31,5 El autor mezcla aquí dos instituciones diversas, primicias y diezmos. Sobre las primicias pueden verse Dt 26; Ex 22,29; 23,19; Lv 23, 15-21; sobre los diezmos, Lv 27, 30-31 Nm 18,20-32; Dt 14,22-29.

31,8 ·"Bendijeron": se trata de la expresión íntegra del agradecimiento, a Dios y al hombre.

31,10 Funciona una especie de dialéctica fecunda: el pueblo da generosamente, Dios bendice generosamente, el pueblo puede dar más. Véase Eclo 35,10-11.

31,11 Lv 7,14; Nm 5,9.

31,15 De las ofrendas hechas al templo se apartaban los aranceles debidos a los sacerdotes (véase Nm 18).

31,18 Véase Lv 21.

31,19 Véase Lv 25,34 y Nm 35,5.

31,20-21 Resumen que prepara el episodio siguiente.



2 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXX.

 301Ezequías envió mensajeros por todo Israel y Judá, y escribió cartas a Efraín y Manasés para que acudiesen al templo de Jerusalén, con el fin de celebrar la Pascua del Señor, Dios de Israel. 2El rey, las autoridades y toda la comunidad de Jerusalén decidieron en consejo celebrar la Pascua durante el mes de mayo, 3ya que no habían podido hacerlo a su debido tiempo porque quedaban muchos sacerdotes por purificarse y el pueblo no se había reunido aún en Jerusalén. 4Al rey y a toda la comunidad les pareció acertada la decisión. 5Entonces acordaron pregonar por todo Israel, desde Berseba hasta Dan, que viniesen a Jerusalén a celebrar la Pascua del Señor, Dios de Israel, porque muchos no la celebraban como está mandado. 6Los mensajeros recorrieron todo Israel y Judá llevando las cartas del rey y de las autoridades, y pregonando por orden del rey:

-Israelitas, volved al Señor, Dios de Abrahán, Isaac e Israel, y el Señor volverá a estar con todos los supervivientes del poder de los reyes asirios. 7No seáis como vuestros padres y hermanos, que se rebelaron contra el Señor, Dios de sus padres, y éste los convirtió en objeto de espanto, como vosotros mismos podéis ver. 8No seáis tercos como vuestros padres. Entregaos al Señor, acudid al santuario que ha sido consagrado para siempre. Servid al Señor, vuestro Dios, y él apartará de vosotros el ardor de su cólera. 9Si os convertís al Señor, los que deportaron a vuestros hermanos e hijos sentirán compasión de ellos y los dejarán volver a este país. Porque el Señor, vuestro Dios, es clemente y misericordioso, y no os volverá la espalda si volvéis a él.

10Los mensajeros recorrieron de ciudad en ciudad la tierra de Efraín y Manasés, hasta Zabulón, pero se reían y se burlaban de ellos. 11Solo algunos de Aser, Manases y Zabulón se mostraron humildes y acudieron a Jerusalén. 12Los judíos, por gracia de Dios, cumplieron unánimes lo que el Señor había dispuesto por orden del rey y de las autoridades.

13El mes de mayo se reunió en Jerusalén una gran multitud para celebrar la fiesta de los Ázimos; fue una asamblea numerosísima. 14Suprimieron todos los altares que había por Jerusalén y eliminaron todas las áreas de incensar arrojándolas al torrente Cedrón.

15El catorce de mayo inmolaron la Pascua. Los sacerdotes levíticos confesaron sus pecados, se purificaron y llevaron holocaustos al templo 16Cada cual ocupó el puesto que le correspondía según la Ley de Moisés, hombre de dios; los sacerdotes derramaban la sangre que les pasaban los levitas. 17Como muchos de la comunidad no se habían purificado, los levitas se encargaban de inmolar los corderos pascuales de todos los que no estaban puros para consagrarlos al Señor. 18Gran número de personas, en su mayoría de Efraín, Manasés, Isacar y Zabulón, no observaron lo prescrito y comieron la Pascua sin haberse purificado. Pero Ezequías intercedió por ellos diciendo:

19- El Señor, que es bueno, perdone a todos los que sirven de corazón a Dios, al Señor Dios de sus padres, aunque no tengan la pureza ritual.

20El Señor escuchó a Ezequías y curó al pueblo.

21Los israelitas que se encontraban en Jerusalén celebraron la fiesta de los Ázimos durante siete días con gran júbilo; los sacerdotes y levitas alababan al Señor día tras día con todo entusiasmo.

22Ezequías felicitó a los levitas por sus buenas disposiciones para con el Señor. Pasaron los siete días de fiesta ofreciendo sacrificios de comunión y confesando al Señor, Dios de sus padres. 23Luego la comunidad decidió prolongar la fiesta otros siete días. Y pudieron hacerlo, con gran júbilo, 24porque Ezequías, rey de Judá, les proporcionó mil toros y siete mil ovejas, y las autoridades, mil toros y diez mil ovejas; además, se purificaron muchos sacerdotes. 25La alegría reinaba entre la comunidad de Judá, entre los sacerdotes, los levitas, los que habían venido de Israel, los extranjeros procedentes de Israel y los residentes en Judá. 26Una fiesta tan magnífica no se recordaba en Jerusalén desde los días de Salomón, hijo de David, rey de Israel.

27Los sacerdotes levíticos se levantaron para bendecir al pueblo. El Señor escuchó su voz, y la plegaria llegó hasta su santa morada de los cielos.

Explicación.

30 Hay que recordar el carácter fundacional de la Pascua: al salir de Egipto ( Ex 12), al ponerse en marcha en el desierto (Nm 9), al entrar en la tierra prometida (Jos 5). La Pascua de la nueva era tiene que congregar y unificar a todos los israelitas de buena voluntad. También a los arrastrados por el cisma, a los que están dispuestos a responder a la llamada del Señor por medio de Ezequías. Lo que quiso impedir Jeroboán, las romerías a Jerusalén, tiene que comenzar a imponerse en la nueva situación. Cuando sobrevenga la catástrofe, algunos israelitas poseerán ya una experiencia viva y personal de las fiestas en Jerusalén, y sabrán a qué atenerse.

Esto es en rigor cronológico el primer año del reinado de Ezequías. Pero Cronista quiere abarcar en este capítulo lo que sucederá unos cinco o seis años más tarde, después de la caída de Samaría.

Vuelve también la antigua geografía, desde Dan hasta Berseba. Ezequías puede permitirse el envío de mensajeros a todo el territorio del antiguo Israel, sin pasar por alto la división Israel-Judá a respuesta tiene que ser libre, y así funciona esta Pascua como factor que discierne a fieles de infieles, recreando un pueblo escogido. Empieza a realizarse el viejo ideal de la unidad: un Señor, un pueblo, un templo, una Pascua.

30,1 Efraín y Manasés son la parte más importante del norte. "Dios de Israel" es el título de la alianza con el pueblo entero.

30,2 La celebración se retrasa un mes, según el precedente de Nm 9, dando así tiempo a los distantes para llegar.

30,3 Nm 9,6-12.

30,5 En tiempos antiguos la Pascua se celebraba en familia; más tarde constituyó una de las romerías anuales a la capital.

30,6-9 Como en otro tiempo Josafat predicó la conversión por todo Judá, así ahora Ezequías la predica por todo Israel. La palabra clave del discurso es shub: si ellos vuelven (= se convierten) a Dios, Dios volverá a ellos, se volverá (apartará) de su cólera, y los desterrados podrán volver ( = retornar) a su patria. El discurso se remonta a los patriarcas, antecesores de los dos reinos.

El discurso presupone claramente la victoria asiria y la deportación. A través de la inexactitud cronológica se abre paso la intención del autor, que nos quiere presentar una nueva era. El emperador asirio ha liquidado la maldad del norte, los templos y la dinastía cismática; queda el pueblo, para quien todavía es posible la conversión.

30,9 La compasión de los deportadores se dice con una frase tomada de la oración de Salomón al dedicar el templo (1 Re 8,50): véase también Sal 106,46. En esa compasión humana inesperada se realiza y revela la compasion de Dios, según su título clasico (Sal 86,15; 103,8; Ex 34,8, etc).

30,10-12 No es coherente la enumeración de tribus: en primer lugar, el extremo septentrional no es Zabulón, sino Dan; además, en el v.18 se menciona Isacar; en total salen cinco tribus del norte y dos del sur, no se mencionan las de Transjordania.

Más importante para el autor es la división de actitudes frente a la llamada (Nehemías emplea el mismo verbo "burlarse" hablando de los enemigos de la reconstrucción de la muralla: Neh 2,19; 3,33). División ya conocida en tiempos de Débora (Jue 5). Sólo en Judá no existe tal división, por gracia de Dios.

30,15 El mes no coincide exactamente con el nuestro; es más bien abril-mayo, como se puede ver por nuestra Pascua, que puede caer en marzo o en abril, y corresponde al "mes primero" de los judíos. La confesión antes de celebrar la Pascua no se menciona en otros textos.

30,19 La intercesión del rey hace prevalecer la disposición interior sobre la prescripción ritual externa (Lv 15,31); sienta un precedente importante a la vez que ilumina muchas páginas sobre ceremonias prescritas y descritas.

30,25 Extranjeros o emigrantes que residían en el territorio del norte incorporados a la comunidad.

30,27 Véase Nm 6,22-23 y Sal 67.

2 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXIX

 Ezequías de Judá (727-698) ( 2 Re 18,1-3)

291Cuando Eqequías subió al trono tenía veinticinco años y reinó en Jerusalén veintinueve años. Su madre se llamaba Abí, hija de Zacarías. 2Hizo lo que el Señor aprueba igual que su antepasado David.

3El año primero de su reinado, el mes de marzo, abrió y restauró las puertas del templo. 4Hizo venir a los sacerdotes y levitas, los reunión en la Plaza de Oriente 5y les dijo:

-Escuchadme, levitas: Purificaos y purificad el templo del Señor, Dios de nuestros padres. 6Sacad del santuario la impureza, porque nuestros padres pecaron, hicieron lo que reprueba el Señor, nuestro Dios, lo abandonaron y se despreocuparon por completo de la morada del Señor. 7Por si fuera poco, cerraron las puertas de la nave, apagaron las lámparas y dejaron de quemar incienso y de ofrecer holocaustos en el santuario del Dios de Israel. 8Entonces el Señor se indignó con Judá y Jerusalén, y los hizo objeto de estupor, de espanto y de burla, como pudisteis ver con vuestros propios ojos. 9Nuestros padres murieron a espada y nuestros hijos, hijas y mujeres marcharon al destierro por este motivo. 10Ahora tengo el propósito de sellar una alianza con el Señor, Dios de Israel, para que cese en su ira contra nosotros. 11Por tanto, hijos míos, no seáis negligentes, que el Señor os ha elegido para estar en su presencia, servirle, ser sus ministros y quemar incienso.

12Entonces los levitas -Májat, hijo de Amasay, y Joel, hijo de Azarías, descendientes de Quehat Quis, hijo de Abdí, y Azarías, hijo de Yehalelel, descendientes de Merarí; Yoaj, hijo de Zimá, y Edén, hijo de Yoaj, descendientes de Guersón; 13Simrí y Yeguiel, descendientes de Elisafán; Zacarías y Matanías, descendientes de Asaf; 14Yejiel y Semeí, descendientes de Hemán; Semayas y Uziel, descendientes de Yedutún- 15reunieron a sus hermanos, se purificaron y fueron a purificar el templo, como había dispuesto el rey por orden del Señor. 16Los sacerdotes penetraron en el interior del templo para purificarlo sacaron al atrio todas las cosas impuras que encontraron en el templo, y los levitas las agarraron y arrojaron fuera, al torrente Cedrón. 17La tarea de purificación comenzó el día uno del mes primero, el ocho llegaron a la nave del templo, y durante otros ocho días purificaron el templo, terminando el dieciséis del mismo mes. 18Se presentaron luego al rey Ezequias y le dijeron:

-Ya hemos purificado todo el templo: el altar de los holocaustos con todos sus utensilios y la mesa de los panes presentados con todos sus utensilios. 19También hemos reparado y purificado todos los objetos que el rey Acaz profanó con su rebeldía durante su reinado. Los hemos dejado delante del altar del Señor.

20Muy de mañana, el rey Ezequías reunió a las autoridades de la ciudad y subió al templo. 21Llevaron siete toros, siete carneros, siete corderos y siete machos cabríos como sacrificio expiatorio por la monarquía, por el santuario y por Judá. Luego ordenó a los sacerdotes aaronitas que los ofreciesen sobre el altar del Señor. 22Sacrificaron los toros, y los sacerdotes recogieron la sangre y la derramaron sobre el altar; sacrificaron los carneros y derramaron la sangre sobre el altar; sacrificaron los corderos y derramaron la sangre sobre el altar. 23Luego llevaron los machos cabríos de la expiación delante del rey y de la comunidad para que les impusiesen las manos. 24Los sacerdotes los degollaron y derramaron la sangre sobre el altar para obtener el perdón de todo Israel, ya que el rey había ordenado que el holocausto y el sacrificio de la expiación fueran por todo Israel. 25El rey había instalado a los levitas en el templo, con platillos, arpas y cítaras, como lo habían dispuesto David, Gad, el vidente del rey, y el profeta Natán. La orden era de Dios, por medio de sus profetas. 26Así, pues, se hallaban presentes los levitas con los instrumentos de David y los sacerdotes con las trompetas.

27Ezequías dio orden de ofrecer el holocausto ante el altar, y en el mismo instante en que empezó el holocausto comenzó el canto del Señor y el son de las trompetas, acompañados de los instrumentos de David, rey de Israel. 28Hasta que terminó el holocausto toda la comunidad permaneció postrada, mientras continuaban los cantos y resonaban las trompetas. 29Cuando acabó, el rey y su séquito se postraron en adoración. 30Luego Ezequías y las autoridades pidieron a los levitas que alabasen al Señor con canciones de David y del vidente Asaf. 31Lo hicieron con tono festivo y adoraron al Señor haciendo reverencia. Luego Ezequías tomó la palabra y dijo:

-Ahora quedáis consagrados al Señor. Acercaos y ofreced sacrificios de acción de gracias por el templo.

La comunidad ofreció sacrificios de acción de gracias y las personas generosas holocaustos.

32El número de víctimas que ofreció la comunidad fue de setenta toros, cien carneros y doscientos corderos, todos en holocausto al Señor. 33Las ofrendas sagradas fueron seiscientos toros y tres mil ovejas. 34Como los sacerdotes eran pocos y no daban abasto para desollar tantas víctimas, los ayudaron sus hermanos, los levitas, hasta que terminaron la tarea y se purificaron los sacerdotes (porque los levitas se mostraron más dispuestos a purificarse que los sacerdotes). 35Hubo muchos holocaustos, además de la grasa de los sacrificios de comunión y de las libaciones de los holocaustos. Así se restauró el culto del templo.

36Ezequías y el pueblo se alegraron de que Dios hubiera movido al pueblo, porque todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos.

Explicación.

29-31 Ezequías aparece como el gran renovador religioso y cúltico Su obra es ante todo una vuelta a David y Salomón. La brevísima noticia de 2 Re 18,4 crece hasta llenar tres capítulos minuciosos, que abarcan la purificación del templo y las personas la celebración de la Pascua, la organización del servicio.

29,3 Lo primero que hace, el mes primero del año primero, es abrir las puertas del templo, inaugurando la nueva era. Dentro de unos años, cuando los templos del norte sean destruidos, este templo se levantará único y central. 2 Cr 28,24.

29,4 Aunque congrega a sacerdotes y levitas, los últimos tendrán un papel preponderante en la reforma.

29,5 Sobre la purificación pueden verse Lv 8 y Nm 8. Hay que notar en lo que sigue la insistencia en el nombre del Señor con diversos títulos: Dios de vuestros padres, nuestro Dios, Dios de Israel. El problema es de fidelidad personal más que de restauración material (como en el caso de Joas).

29,9 Tiene que referirse a cautivos de guerra ocasionales, sin llegar a una deportación en masa; pero la frase puede sonar como anticipación de lo que sucederá.

29,11 El título "hijos míos" suelen darlo los maestros a sus discípulos; con menos frecuencia lo da un superior a un subordinado (Jos 7,19).

29,16 El Cedrón funcionó repetidas veces como vertedero de objetos impuros o contaminados.

29,17 Superando así la fecha regular de la Pascua, que era el catorce del mes primero.

29,21 Según las normas de Lv 4.

29,25-26 Este es dato de Cronista El acompañamiento musical de la ceremonia es quizá parte esencial, no menos que la ofrenda de las víctimas (parece decir el autor); y es cosa que se remonta al rey David, a oráculos proféticos, a Dios mismo.

29,31-35 Generosidad, abundancia y alegría caracterizan la renovación del culto: vaores ejemplares para la comunidad del Cronista. El gozo que se expresa y brota del culto es una constante del autor (1 Cr 29,9; 2 Cr 15,15; 23,21; 24,10; 30,25).

2 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXVIII

 Acaz de Judá (734-727) ( 2 Re 16,2-4.19-20)

281Cuando subió al trono Acaz, tenía veinte años y reinó en Jerusalén dieciséis años. No hizo, como su antepasado David, lo que el Señor aprueba. 2Imitó a los reyes de Israel, haciendo estatuas a los baales. 3Quemaba incienso en el valle de Ben-Hinón e incluso sacrificó a su hijo en la hoguera, según la costumbre aborrecida de las naciones que el Señor había expulsado ante los israelitas. 4Sacrificaba y quemaba incienso en los altozanos, en las colinas y bajo los árboles frondosos. 5El Señor, su Dios, lo entregó en manos del rey sirio, que lo derrotó, capturó numerosos prisioneros y los llevó a Damasco También lo entregó en manos del rey de Israel, que le infligió una gran derrota.

6Pécaj, hijo de Romelías, mató en un solo día a ciento veinte mil judíos, todos aguerridos, por haber abandonado al Señor, Dios de sus padres. 7Y Zicrí, un soldado de Efraín, mató a Maseyas, hijo del rey, a Azricán, mayordomo de palacio, y al primer ministro, Elcaná. 8Entre mujeres, hijos e hijas, los israelitas tomaron a sus hermanos doscientos mil prisioneros; se apoderaron también de un gran botín y lo llevaron a Samaría.

9Había allí un profeta del Señor llamado Oded. Cuando el ejército volvía a Samaría, salió a su encuentro y le dijo:

-El Señor, Dios de vuestros padres, indignado con Judá lo puso en vuestras manos. Pero la saña con que los habéis matado clama al cielo. 10Y encima os proponéis convertir en esclavos y esclavas a los habitantes de Judá y Jerusalén. ¿No habéis pecado bastante contra el Señor vuestro Dios? 11Hacedme caso y devolved a vuestros hermanos que habéis tomado prisioneros, porque os amenaza la ardiente cólera del Señor

12Algunos jefes efraimitas -Azarías, hijo de Juan, Berequías, hijo de Mesilemot, Ezequías, hijo de Salún y Amasá, hijo de Jadlay- se pusieron también en contra del ejército que volvía 13y le dijeron:

-No metáis aquí a esos prisioneros, porque seríamos reos ante el Señor. Bastante hemos pecado ya para que os dediquéis a aumentar nuestras faltas y culpas, irritando al Señor contra Israel.

14Entonces los soldados dejaron los prisioneros y el botín a disposición de las autoridades y de la comunidad. 15Designaron expresamente a algunos para que se hiciesen cargo de los cautivos. A los que estaban desnudos los vistieron con trajes y sandalias del botín; luego les dieron de comer y beber, los ungieron, montaron en burros a los que no podían caminar y los llevaron a Jericó, la ciudad de las palmeras, con sus hermanos. A continuación se volvieron a Samaría.

16Por entonces, el rey Acaz envió una embajada al rey de Asiria para pedirle ayuda. 17(los idumeos habían hecho una nueva incursión, derrotando a Judá y haciendo prisioneros; 18los filisteos saquearon las ciudades de la Sefela y del Négueb de Judá, apoderándose de Bet Semes*, Ayalón*, Guederot*, Socó y su comarca, Timná y su comarca, Gimzó y su comarca, estableciéndose en ellas. 19El Señor humillaba a Judá por culpa de Acaz, que había traído el desenfreno a Judá y se mostraba rebelde al Señor). 20Pero Tiglat Piléser, rey de Asiria, en vez de ayudarlo, marchó contra él y lo sitió. 21Y aunque Acaz espojó el templo, el palacio y las casas de las autoridades para ganarse al rey de Asiria, no le sirvió de nada. 22Incluso durante el asedio siguió rebelándose contra el Señor. 23Ofreció sacrificios a los dioses de Damasco, que lo habían derrotado, pensando: <<Los dioses de Siria sí que ayudan a sus reyes. Les ofreceré sacrificios para que me ayuden a mí>>. Pero fueron su ruina y la de Israel.

24Acaz reunió los objetos del templo y los hizo pedazos; cerró las puertas del templo, construyó altares en todos los rincones de Jerusalén 25y levantó ermitas en todas las ciudades de Judá para quemar incienso a dioses extraños, irritando al Señor, Dios de sus padres.

26Para sus restantes actividades y empresas de principio al fin de su reinado, véase el libro de los reyes de Judá e Israel. 27Cuando Acaz murió no lo llevaron al panteón real de Judá, sino que lo enterraron en la ciudad, en Jerusalén. Su hijo Ezequías le sucedió  en el trono.

Explicación.

28 El reinado de Acaz está descrito con datos históricos que suministra el libro de los Reyes, con alusiones veladas al libro de Isaías y con otros datos creados o explotados con función constructiva. El Cronista quiere preparar por contraste el reinado glorioso de Ezequías, y para ello acumula datos negativos en el reinado de su antecesor. Mucho tiene que desatar Acaz para que pueda rehacerlo su hijo, en el orden militar y en el religioso.

Históricamente son tiempos difíciles para Judá y más aún para Israel. Judá se encuentra sitiada: por el sur atacan de nuevo los idumeos, por poniente los filisteos se rehacen y hostilizan a sus vecinos, por el norte surge un enemigo formidable, el reino hermano de Israel, aliado y protegido de Siria. Lo lógico, lo que predica Isaías, era acudir confiadamente al Señor; pero Acaz es un rey impío y desconfiado (Is 7). Lo que hace es pedir auxilio a la nueva potencia de la época: Asiria. Así repite el juego peligroso que había iniciado Asá con Damasco; porque tampoco se detendrá Asiria, una vez desatada.

Esta convocación funesta acarrea en seguida graves consecuencias económicas y religiosas, atiza la infidelidad del monarca y prepara acontecimientos luctuosos. La impiedad llega a tal extremo, que el rey cierra las puertas del templo, como acabando con el culto, como clausurando una época histórica. Es, en términos de templo y culto, algo así como el reinado de Atalía en términos de dinastía. Hará falta un nuevo comienzo, una nueva apertura: es lo que pretende el autor.

También es grave la situación para Israel: después de una rápida sucesión de conspiraciones y cambios de dinastía, los dos últimos reyes, Pécaj y Oseas, precipitan la catástrofe, la destrucción final de Israel, que sucederá en el reinado de Ezequías. El Cronista, fiel a su programa, no narra estos hechos, pero sabe que sus lectores lo conocen y que los tienen presentes cuando leen. Pues bien, también ese final trágico prepara un nuevo comienzo, cuando no pocos supervivientes se incorporen política y religiosamente a Judá. Hay que preparar el suceso ¿y qué mejor preparación que ese insigne acto de perdón fraterno? El episodio, inesperado en la mentalidad del Cronista, se explica muy bien en función de lo que va a suceder.

En toda la construcción narrativa pesa la situación que viven el autor y sus lectores: unos judíos continuadores del pueblo elegido, unos samaritanos que pueden comenzar si rompen con el pasado, un solo templo legítimo. Las obras de misericordia pueden probar que está en pie la llamada de Dios. El autor predica más allá de las fronteras la piedad con Dios y con el prójimo.

28,2 El Cronista lee una idolatría implícita en las referencias de su fuente, que hablan simplemente de culto ilegítimo a Yhwh.

28,5 El original menciona sólo una invasión y un asedio fracasado de la capital.

28,6-8 El autor supone que el rey ha arrastrado a la tropa y al pueblo a la infidelidad. Si los números son astronómicos, es interesante la designación "sus hermanos", que se repite en los versos 11 y 15: es la clave del episodio.

28,9-11 Un profeta en Samaría es un agente del verdadero Dios: con razón puede llamar al Señor "Dios de vuestros padres, vuestro Dios". Ese Dios no ha rechazado del todo a los efraimitas, antes los sigue interpelando con la palabra profética y los pone a prueba ofreciéndoles una ocasión definitiva. Ser ejecutores de la sentencia divina no autorizaba tamaña crueldad no han de ser esclavos los liberados de la esclavitud de Egipto (Lv 25,39-43).

28,12 "Efraimitas" designa a los ciudadanos del norte. Estos jefes se ponen de parte del profeta, reforzando su palabra.

Es de notar la ausencia de sacerdotes en el reino septentrional y que tampoco se menciona el rey.

28,14 Pero sí se señala el carácter colectivo de la operación.

28,15 El homenaje que rinde el autor a los israelitas es impresionante; sobre todo si se compara con la resistencia de algunos reyes judíos a exigencias proféticas más sencillas. Dar de comer al hambriento, de beber al sediento, vestir al desnudo, liberar al cautivo, cuidar del enfermo: la lista de obras de misericordia está casi completa.

28,17 Según la fuente, los idumeos reconquistaron la punta meridional de Eilat; el autor los mete en territorio israelita.

28,18 * = Casalsol; Cervera; Tapias.

28,19 En el término raro "desenfreno" resuena e pecado de becerro de oro (Ex 32,25).

28,20-21 El original dice que "el rey de Asiria le atendió" (cfr. 2 Re 16,9) y que le valieron los regalos enviados al monarca extranjero.

28,23 Según el original, Acaz mandó construir un altar según el diseño de un altar de Damasco y realizó otras reformas para agradar al rey asirio; el Cronista lo transforma en idolatría formal.

28,24 Esto es lo más grave: el sucesor de David y Salomón clausura el templo (2en 2 Re se habla de una reforma en el acceso reservado al rey). Si la dinastía existía en función del templo, se diría que la dinastía ya no tiene razón de existir. Pero el autor sabe que ya ha nacido el sucesor glorioso, probablemente el hijo anunciado por Isaías (7,14).

En este lugar narra el libro de los Reyes la caída de Samaría y de Israel.